Opinión

Reconocer fallas y definir oportunidades: Parte 1

En memoria de Sir Ken Robinson y el padre de un buen amigo.

Decisiones.- Ante este momento que estamos viviendo de la pandemia hemos visto como muchos negocios, a nivel nacional, han clausurado sus servicios; otros siguen en plan de mantenerse en pie de guerra para sobrevivir (o como dicen algunos especialistas en subsistir, pero prefiero el termino sobrevivir que en otra columna de opinión contaré sobre una anécdota que vale la pena reflexionar). Y algunos pocos han emprendido el viaje de reinventarse, de innovar, de transformarse para ser quienes cuenten esta y muchas más historias de éxito en el futuro no muy lejano. Un futuro que vale la pena visualizar a través de un ejercicio de proyección de quienes fuimos, somos actualmente y seremos en la próxima década.

Para entender esto, debemos tener claro que son resultado de nuestras decisiones y que estás no se basan por puras corazonadas. Su sustento se debe construir a lo que el ser humano ha desarrollado, inventado, descubierto, innovado. Solo es cuestión de repasar la historia para concebir y reconocer las cuatro verdaderas transformaciones de la humanidad (no esas falacias que menciona uno que en la línea del tiempo azteca [siendo sincero] marcarán un hito rememorarle por sus acciones y sus resultados que serán cuestionados hoy y en el futuro). Nosotros, como humanidad, hemos experimentado cuatro transformaciones sustanciales que son más bien conocidas como revoluciones industriales:

  1. La revolución industrial del motor a vapor (Máquinas).
  2. La revolución industrial de la electricidad (Energía Eléctrica).
  3. La revolución industrial de los ordenadores (Software & Hardware).
  4. La revolución industrial de la inteligencia artificial (Internet de las cosas).
Imagen de Wikipedia

Con todo lo acontecido de la pandemia sumado con esta nueva revolución que se acerca (y se acelera) a muchos les está generando una previsión de un futuro desolador y pesimista. Hans Rosling (médico sueco quien falleció en febrero del 2017) mencionó que la raza humana, conforme va progresando y creciendo, si no tiene un sustento estadístico para medir el bienestar y calidad de vida de las personas puede padecer un síndrome conocido como “Pesimismo Social”. Es decir, que nuestro cerebro piensa que estamos peor que ayer, algo que nuestros abuelos y padres podrán decir que sí, pero los doctores (no a los de medicina, ellos son médicos; respetemos el título de Doctor a quien ejerció un doctorado, por favor) científicos e investigadores opinan todo lo contrario.

Hemos obtenido y estamos ganando grandes avances en lo laboral, en la salud, en la tecnología, y en diversos ámbitos más que como humanidad nunca habíamos visto anteriormente; pero sí hay que reconocer que todavía existen muchas áreas de oportunidad como humanidad, como país, como estado, como municipio y como sociedad y que hemos roto un equilibrio en la cual el medio ambiente nos está pasando la factura como el calentamiento global (sin mencionar las inundaciones, los cambios climáticos y los fenómenos porvenir como esta pandemia y más). Iniciamos con un modelo económico mundial en la cual nos permitió existir no solo pobres ni ricos, sino una clase media (aquellos que cuentan con una casa, servicios, auto, y estudios para emprender un pequeño o mediano negocio o un trabajo).

Este modelo ha traído riqueza, bienestar y calidad de vida (hablando de manera general) generando los famosos “círculos virtuosos” (o viciosos, como les parezca más acorde al contexto), más no ha sido del todo distributivo y todo parte con la educación que hemos recibido. Y que a la larga nos pasará una factura más cara en la medida que comenzamos a prolongar más nuestra estancia en este mundo (véase sistema mexicano de pensiones). A raíz de la pandemia, las grandes corporaciones, como primer eslabón de acción, migró ágilmente a un modelo de trabajo remoto, seguido de grandes, medianas y quizás pequeñas empresas. Esto origino que el modelo “home office” (trabajo remoto o teletrabajo) fuera el sueño tan anhelado (y no deseado para otros) de muchos mexicanos. 

A efecto de lo mencionado, carreras y empleos tan especializados, repetitivos y que manejan datos, han visto su suerte e incluso son amenazadas a desaparecer a razón de la siguiente revolución industrial que está a la vuelta de la esquina. La Revolución Industrial 4.0 plantea, según expertos y analistas del Foro Económico de Davos, la desaparición de 30 millones de empleos diversificados en varias industrias. Esto con un solo fin; “las máquinas no descansan, no cobran, no dependen de muchos recursos”. Casi la mitad de los empleos que conocemos, de acuerdo con documentos de la ONU y de diversas universidades, pueden llegar a desaparecer en su totalidad o permanecer en la precariedad.

Guy Standing, profesor de la Universidad de Londres, ha mencionado en varios libros y artículos que esta revolución es la antesala del “nuevo precariado” y que para ello se debe combatir con políticas sostenibles para el bienestar humano y el equilibrio en la sociedad. Es decir, si llegan a desaparecer esos empleos, que en buena parte son empleos de la clase media, las consecuencias serán graves. Y hoy las estamos viviendo, no por la misma revolución, sino por la falta de políticas gubernamentales federales en apoyo a los que perdieron sus empleos. Políticas como la Renta Básica Universal (promovida por el mismo Guy Standing) son algunas propuestas a mejorar.

En mi opinión, esto no será posible si no mejoramos primero la causa raíz de todos los problemas de los mexicanos (y gran parte de la humanidad): La Educación. Y no me refiero solo a la escuela y a los maestros, sino a todo el sistema educativo: gobierno, instituciones, escuelas, maestros, padres de familia, estudiantes. Nuestro modelo educativo mexicano es un modelo arcaico, de creatividad nula, con afinidad a ser competitivos hasta desangrarnos y estresarnos a una velocidad “urgente” (que es lo mismo a vivir en un tiempo de pobreza, sin valor agregado a la vida) tal como se menciona en el libro “La estrategia del océano azul” de Renée Mauborgne y W. Chan Kim: “Las empresas compiten entre sí hasta desangrarse por ser las mejores y tiñen a su alrededor ríos y mares rojos, convirtiendo un océano rojo de muerte, desolador, sin vida, sin creatividad, sin armonía…”. 

Termino mi participación mencionando a una persona muy honorable y que puso en el debate y en jaque el modelo actual educativo de las naciones pertenecientes a la OCDE: Sir Ken Robinson. Robinson creyó que cualquier sistema educativo de una nación debe fomentar personas capaces, con criterio y, lo más importante, con creatividad, no priorizando logros académicos que dicho sistema de calificación inicia con un rango de la calificación más baja hasta la calificación más alta, siendo que esté nos impone un límite a lo que aún no hemos reconocido: “Nuestra creatividad y capacidad no tiene límites”. Mientras tengamos un sistema educativo arcaico, que adoctrina a la gente con fines políticos y los convierta en “zombies” para las campañas políticas y no genera personas que cuestionen, exploten su potencial y tengan criterio, nuestro futuro estará destinado a la mediocridad.

Etiquetas

Ulrich Castro Becerra

Ulrich Castro es consultor en Planeación Estratégica y actualmente estudiante en Ciencia de Datos (Big Data). Ingeniero Industrial y de Sistemas por el ITESM Campus Guadalajara, Green Belt por Arizona State University, Black Belt por el Lean Six Sigma Institute, especialista en Logística Internacional y Planeación de la Demanda.

Publicaciones relacionadas

Un comentario

  1. Pienso que si bien desaparecerán muchos empleos con la revolución 4.0 (puestos administrativos o de producción y manufactura dónde las tecnologías nos puedan sustituir) habrá muchos otros “empleos del futuro” para los que aún nuestro modelo educativo no está del todo preparado, nuestro gran reto estar listos para esta revolución que ya inició.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenio protegido