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La estrategia está fallando

Decisiones.- Todos los días, el doctor López Gatell habla en su conferencia vespertina sobre lo que se ha hecho para hacer frente a la pandemia provocada por el coronavirus: asegura que hay disponibilidad de camas en los hospitales a nivel nacional, que la tendencia es descendiente, y en Jalisco, el gobernador Enrique Alfaro habla y controla la velocidad y el ritmo de la reapertura económica y la posibilidad de volver a parar en seco a la economía si se aceleran los contagios.

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Sin embargo, hay que reconocer que la estrategia para enfrentar el coronavirus está fallando: hoy hay más de 86 mil mexicanos que han perdido la vida por COVID-19. La cifra real puede ser mucho mayor: estimaciones sugieren que los registros que presenta la Secretaría de Salud sólo considera a 30 de cada 100 fallecimientos por la enfermedad, es decir, más de 286 mil posibles muertes por COVID-19 pueden haber ya ocurrido: tres veces la población de Ocotlán. ¿Qué está fallando? La semana pasada tuve oportunidad de platicar con Judith, quien tuvo COVID-19 y vivió una pesadilla desde su diagnóstico hasta su tratamiento y recuperación. Me parece que su experiencia individual refleja el fracaso general del manejo de la pandemia. 

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Iniciemos con el calvario que representa tener acceso a una prueba si no se cuenta con los recursos para acudir a un laboratorio privado. Judith es derechohabiente en el ISSSTE, lugar en el que le indicaron que no contaban con pruebas para diagnosticarle el coronavirus. Tampoco tuvo suerte en el IMSS, y en Radar Jalisco le dijeron que no calificaba con los criterios para programar una prueba, aun teniendo fiebre, tos, y sabiendo que había estado en contacto con otras personas que tenían coronavirus. En su ayuntamiento tampoco tuvo éxito: le dijeron que era “responsabilidad individual” y no podían hacer nada por ella. Después de las negativas que sufrió por parte de las autoridades, Judith hizo todo lo que pudo y se pagó una prueba en un laboratorio privado. El resultado fue positivo: Judith tenía coronavirus.

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Al tener los resultados, Judith regresó al ISSSTE y le dijeron, literalmente: “Buena suerte. Esperemos que no se complique tu COVID. Vete a tu casa”. Y así vivió Judith la enfermedad: sin nadie que desde el sector salud, por ejemplo, le diera seguimiento a la evolución de su salud, o desde el gobierno rastreara sus contactos; sin claridad de los pasos a seguir o a dónde acudir en caso de una complicación de su estado de salud. Con dolor de pecho y fiebre por varios días, Judith pasó en su casa la enfermedad en donde también su padre, lamentablemente, se contagió. Afortunadamente ninguno de los dos falleció, pero hoy se encuentran con secuelas probablemente causadas por el coronavirus.

Y es justo lo que vivió Judith lo que provoca que la pandemia esté fuera de control: no hay acceso a pruebas, no hay claridad de los pasos a seguir o en qué momento se debe buscar atención médica en el hospital. La gente tiene miedo de acudir a los hospitales COVID porque, se dice entre la gente, “una vez entrando ahí, no hay forma de salir con vida.” La estrategia de cuidar que las camas estén vacías no es la correcta. La gente está muriendo en su casa al no poder, por ejemplo, recibir oxígeno si es necesario y se actúa a tiempo en lugar de llegar al hospital cuando la intubación es la única opción. El gobierno no hace rastreo de contactos porque ni siquiera se sabe quién está contagiado. La estrategia está fallando y el tamaño del fracaso se mide en vidas. Es momento de dejar de cuidar camas y empezar a cuidar personas.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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