Opinión

Soberanía Energética ¿sin porvenir?

Decisiones.- Recientemente vivimos los ocotlenses uno de los episodios extraños en pleno siglo XXI: un apagón en plena noche. Y no es por mayor que se haya dado el aviso previo a dicho apagón “aleatorio” por parte de la CENACE a 12 estados de la república, cuando en realidad fue para 26 estados, para rebalancear la energía eléctrica a nivel nacional a raíz de la escasez de gas natural, con tal de atender la demanda energética en los estados del norte de la república y sus municipios. Muchos se hacen el cuestionamiento de si es necesario que México se vuelva independiente de la energía como paradójicamente lo propuso Lázaro Cárdenas. En mi opinión será mejor ser interdependiente.

Explico las razones, México no pudiera ser totalmente un país independiente en energía por el simple hecho que no contamos con las suficientes reservas de petróleo para atender la demanda. Ejemplo de ello, no me gustaría ser el planeador de suministro de, por lo menos, la gasolina. Como se vivió al inicio de la administración de Lopez Obrador, se resintió el famoso cierre de válvulas para combatir el huachicoleo. Dicha batalla sigue todavía a la fecha y más convirtiendo al municipio de Celaya, Guanajuato, en un auténtico infierno en el 2020. Más hizo visible un tema que administraciones federales pasadas tenían conocimiento y que ha sido un lento avanzar: como garantizar energía a toda una nación.

Ser el planeador de suministro de gasolina a nivel nacional sería una función totalmente estresante o “concha”, dependiendo de la arista por la cual la quiera ver. A nivel nacional solo contamos con 3 días de inventario para surtir gasolina a nivel nacional, dependiendo de la demanda semanal que se tenga en cada región, estado o municipio. Muestra de esto es que los mexicanos no somos capaces de generar nuestra propia energía y que se ha apostado por un modelo que ya no será rentable en las próximas décadas. 

El petróleo y sus derivados han generado un desarrollo industrial que en el pasado no se pudo ver. Solo para aclarar este punto, más del 90% de nuestros bienes utiliza un derivado del petróleo. Pero a si mismo ha traído un alto costo que ha sido la contaminación en sus diferentes facetas efectuando enfermedades respiratorias más comunes en poblaciones medianas y grandes. Lo que lo vuelve en un dilema energético frente a la creciente demanda energética que solicita los consumidores e industrias, además de la magna crisis que es el cambio climático.

¿Cómo atender a la soberanía energética enfocada al petróleo siendo ésta una de las causantes al cambio climático? La iniciativa que promueve Lopez Obrador y que en estos momentos ya se aprobó en lo general y queda en la mesa de batalla campal de discusión lo particular en la Cámara de San Lázaro dista mucho en hacer frente a esta crisis energética, ambiental y social. Simplemente con observar lo siguiente en nuestro recibo de luz; actualmente la CFE realiza un subsidio para apoyo a los consumidores por efecto de la pandemia y resguardo domiciliario sanitario.

Dicho subsidio esta orientado a apoyar a 39 millones de hogares atendidos por la CFE, con la finalidad de cuidar su economía en estas circunstancias difíciles, por lo que ningún usuario de estas tarifas será reclasificado a la tarifa doméstica de alto consumo (DAC). La iniciativa parece ser la correcta y lo sería aún más si sus fuentes energéticas provinieran de fuentes renovables. Pero tal parece que el gobierno federal lo que busca es un círculo vicioso tóxico. 

Al mostrar ese poco interés en las energías renovables, a diferencia de otros países más desarrollados lo han hecho como punto de apalancamiento para el desarrollo futuro de la nación, México apuesta por apuñalarse así mismo (porque ya no basta en dispararse a los pies) de “proteger” esa soberanía energética a costillas de su población y de su futuro. Con tan solo de mostrar dos puntos para ello, el alto nivel de combustóleo que todo mundo ya no quiere comprar (porque anteriormente era el combustible para las exportaciones marítimas) y que el gobierno mexicano opto por ser el principal insumo para generar energía.

Sin embargo, al no cumplir con los tratados internacionales y con los acuerdos comerciales, así como las inversiones en proceso a las fuentes de energías renovables, nos estamos preparando para sufrir dos trastazos brutales: el primero en la fuga de inversiones para generar mayor crecimiento y riqueza en el país, es decir, menos empleo. El segundo, el aumento a todos los precios que dependan de la energía eléctrica y que se refleje en el costo salvo si se aplica otro subsidio, por lo cual estaría en tres cauces: apretarse más el cinturón con una reforma hacendaria, cargar el costo a los consumidores mexicanos que se reflejaría en la inflación o endeudar más a los mexicanos que se reflejaría en menor inversión pública.

Eso sin mencionar las demandas internacionales que se adjudicará el actual gobierno por esta simple iniciativa preferente. Solo aclaro algunos puntos que serán pertinentes observar a lo largo de los próximos tres meses: el nivel de deuda de la nación (actualmente del 51% del PIB), la estabilidad de la inflación (como este pueda incrementarse a raíz de esto). Estos dos pueden incrementarse y a la gran mayoría de los mexicanos quizás no lo perciban, esto por el simple hecho que estarán más interesados en los paliativos de la crisis del COVID 19 llámense vacunas o transferencias directas. Pero los costos lo veremos dentro a finales del sexenio e incluso, me atrevo a decir, a finales de la década.

Lo que nos depara el mañana sigue siendo sombrío conforme pasan los días, pero son varias razones por la cual la sociedad no lo atiende con cabalidad estos asuntos: por supervivencia, por apatía, por desinterés, porque “la política es sucia…” Si es bien es cierto que esta reforma no beneficia a nadie, pero es donde la sociedad debe participar y volver al llamado que alguna vez tuvimos como ciudadanía: la participación ciudadana efectiva.

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