Opinión

¿Nueva normalidad o justa normalidad?

Decisiones.- Mucho se habla sobre la “nueva normalidad” que nos toca vivir con la pandemia aún activa. Sin embargo, sin cambios sustanciales, esto significa volver a una “normalidad” de precariedad y vulnerabilidad que millones de mexicanas y mexicanos han enfrentado por años. 

En los últimos meses hemos podido constatar lo frágil que es la economía familiar y la profundidad de las desigualdades en nuestro país: millones se ven obligados a vivir al día y no cuentan con garantía alguna de tener lo más básico cubierto, desde alimentos, vivienda, agua, electricidad, hasta servicios de salud, educación y recreación.

De ahí que resulte fundamental pensar en una Justa Normalidad, que atienda las condiciones que nos llevaron a y acentuaron la crisis que hoy vivimos.

Si bien la Justa Normalidad comprende muchas esferas, hoy quiero poner sobre la mesa la pregunta: ¿cómo podemos entender a la economía en una Justa Normalidad? Me parece ideal empezar estableciendo que la economía debe servir a las personas y no al revés. Nuestro sistema económico debe cambiar para enfocarse en mejorar la situación y la calidad de vida de las personas. Debemos imaginar y trabajar para lograr un sistema que esté al servicio de los fines y metas de todas y todos. Que quede claro: las personas le damos forma a la economía. Nosotros debemos poseer el sistema, no al revés.

Partiendo de la premisa anterior, es de suma importancia reconocer que la estrategia del gobierno federal para atender la crisis ha quedado a deber. Es cierto: la crisis económica a la que nos enfrentamos es de proporciones inéditas y de una complejidad enorme. No obstante, si seguimos apostándole a una estrategia irresponsable e insuficiente, las repercusiones en la calidad de vida de las personas seguirán siendo catastróficas.

Hoy es urgente implementar un Ingreso Básico de Emergencia para el millón cien mil personas que han perdido su empleo formal. Debemos buscar también la implementación de medidas de apoyo para las personas que laboran en la informalidad. Es importante dejar de ligar la seguridad social al estatus laboral de la gente. El Ingreso Básico de Emergencia es, además, un primer gran paso hacia la eventual implementación de un Ingreso Básico Universal, un mecanismo que ayudará a mejorar la calidad de vida de las personas y abonará a la erradicación de la pobreza. Esto resulta aún más relevante cuando se estima que, por la crisis, México tendrá 9 millones de nuevos pobres.

Perdone que suene a disco rayado, pero hoy sigue sin existir apoyo para las micro, pequeñas y medianas empresas. Muchas de estas unidades económicas no podrán volver a abrir sus puertas al enfrentar deuda y una carga de gastos fijos que las dejan en números rojos. Una economía que sirva a las personas debe proteger el valor que estas MiPyMEs han creado en sus comunidades. Hoy ante la reapertura económica, resulta vital que se estimule -y se vigile- la creación de empleos de calidad mediante el subsidio de nóminas a empresas que se comprometan a mantener o aumentar su plantilla laboral. Recordemos que es más costoso generar nuevos empleos que proteger los ya existentes.

Debemos también apostarle a la recaudación local para mejorar las finanzas de Jalisco y de los municipios: nada de lo que hagamos o digamos será posible si no aumentamos sustancialmente la capacidad del Estado de accionar para garantizar el acceso a derechos. Es momento de ampliar las posibilidades de recaudación del estado a través del impulso a mecanismos de tributación progresiva para corregir las desigualdades y financiar la salida de la crisis.

La transparencia en el uso de los recursos resulta aún más importante en momentos tan difíciles en los que cada peso cuenta. La vigilancia intensa del gasto y ejercicio de la deuda adquirida por el Gobierno de Jalisco debe ser una tarea irrenunciable. Debemos abrir el ejercicio del presupuesto para que las personas puedan revisarlo y generar las observaciones necesarias.

Finalmente, y como lo he mencionado en entregas anteriores, el gobierno federal debe cambiar sus prioridades y reorientar el gasto. Actualmente se destinan recursos de forma prioritaria a obras de infraestructura que van contra toda lógica de desarrollo, como el Aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas. 

Debe parar la obsesión y el capricho presidencial por Pemex. Según El Universal, la empresa petrolera tiene pérdidas de $2.3 millones de pesos por minuto, o el costo de mil 403 canastas alimentarias en el mismo periodo de tiempo. Cada 85 minutos de las pérdidas de Pemex representan un costo de oportunidad para hacerse de 71 camas de cuidado intensivo, 137 camas hospitalarias, 30 equipos de rayos X y 30 videolaringoscopios para atención de COVID-19. El presidente dice que no debe haber gobierno rico con pueblo pobre. De acuerdo, tampoco debe haber Pemex rico con un pueblo que enfrenta la crisis económica más profunda desde la Gran Depresión sin recibir apoyo de su gobierno.

Es momento de construir una economía que mejore la calidad de vida de todas las personas. Imaginemos, demandemos y trabajemos para lograr una economía que procure la inclusión social de todas y todos. Luchemos para que de esta crisis emerja una Justa Normalidad.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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