Opinión

La educación post-pandemia ¿Hacia dónde vamos? 

"Si no estás preparado para equivocarte, nunca se te ocurrirá nada original", Ken Robinson (2009), El Elemento.

Decisiones.- No existe duda alguna, que, durante este tiempo de pandemia, el sistema educativo sufrió cambios por mucho inesperados y en apariencia, algunos irreversibles. Antes de esta, pareciera ser que los docentes nos encontrábamos en una zona de confort. En el aula, hacíamos lo que pareciera nos funcionaba. Los maestros que gustan de las prácticas tradicionalistas, preparaban sus clases magistrales para transmitir el contenido que correspondiera al día. Los maestros constructivistas, tenían armados el cúmulo de recursos que orientarían a los estudiantes a interactuar con el fin de generar nuevos conocimientos. Los profesores creativos, diseñaban un ambiente áulico que se percibiera como ligero y divertido. Incluso, muchos docentes combinaban de todo un poco para poder lograr los propósitos formativos.

Otros miembros de la comunidad educativa sufrieron por igual los estragos de la pandemia. Los estudiantes cambiaron las formas y lo lugares para el aprendizaje. Los padres de familia se vieron severamente afectados en su rutina diaria. Incluso me atrevo a suponer que hubo cambios significativos en las dinámicas familiares. Expertos dedicados a la educación como Cervantes, Holguín y Gutiérrez (2020) mencionan que la pandemia, “lejos de aparecer exclusivamente como un fenómeno médico-sanitario, se erige como una realidad de gran impacto económico, social, mediático, político y, por supuesto, educativo”.  Considero que, a nivel de sistema educativo, no hubo una sola persona que no haya sufrido estos embates. Y al final de esta pandemia, donde pareciera ser que ya podemos ver la luz al final del túnel, nos queda la incógnita: ¿Qué será de la educación cuando regresemos a las aulas?

Me niego a creer que las cosas “volverán a la normalidad”. Sería un grave error intentar que las cosas sean “igual” que antes de esta pandemia. Es importante considerar que todo cambio genera una experiencia, que por “buena” o “mala” que nos parezca, dejará un aprendizaje en las personas que lo viven, y por ende un crecimiento. Entonces, ¿Cuál será ese crecimiento que podrá tener él sistema educativo? Me gustaría entrar a esta reflexión, haciendo referencia al título de un artículo en relación a este tema: “La otra educación que era posible, ahora es necesaria” (Iglesias, González, Lalueza y Guitart, 2020).

Los cambios en los modelos educativos, mismos que implican formas de enseñar y aprender, de evaluar, de percibir al estudiante, etc. han existido todo el tiempo. Ya hace algunas décadas la tecnología se perfilaba como la herramienta por excelencia para mejorar los procesos de enseñanza – aprendizaje. Si bien, es del conocimiento público que las denominadas tecnologías de la información y la comunicación (TICS) son una herramienta que favorece dicho proceso, no era algo que se haya manejado como obligatorio o que haya sido adoptado por la mayoría de los docentes, independientemente de las razones. Este fenómeno sanitario, con múltiples orientaciones sociales, orilló al sistema educativo bajo la modalidad virtual, haciendo uso de las TICS.

Complementando lo anterior, no hay que perder de vista que la comunidad educativa tuvo que recurrir distintas formas de comunicación e interacción. Fuimos de la presencialidad a la virtualidad, del aula en la escuela al aula en las plataformas digitales, del contacto interpersonal a la comunicación a través de medios tecnológicos, del cuaderno al dispositivo móvil. Incluso, y en gran parte, muchos de los docentes fungieron como tutores de los estudiantes, llamaron y fueron a sus casas, se pusieron al pendiente de sus necesidades afectivas y socioeconómicas, en definitiva, los conocieron aún mas de lo que los conocían en persona. Se podría decir que, hubo un distanciamiento físico, pero un acercamiento interpersonal.

Por lo antes mencionado, se sugiere que lo que una vez fue opcional como las TICS, ahora la gran mayoría de docentes y estudiantes están preparados para hacer uso de ellas en el contexto educativo. En cuanto a las dificultades de comunicación que se presentan en el aula, y que en muchas ocasiones pasan desapercibidas; en la virtualidad nos forzamos a encontrar formas diversas para localizar a nuestros estudiantes y procurar que recibieran la educación. De igual manera, de manera forzosa pero no necesariamente negativa, tuvimos que atender nuestro estado emocional como docentes, para que este no nos rebasará y poder llevar de mejor manera nuestro proceso de enseñanza. Así mismo, esto último no es excepción para nuestros estudiantes, los cuales, tuvieron que adaptarse al cambio y sobrellevar su situación personal para su proceso de aprendizaje.

Como resultado, considero que la educación postpandemia debe de ser mejor que antes y durante la pandemia. Tenemos un sistema educativo que se dio cuenta que los cambios son necesarios, pero aún más necesarias el tener las estrategias correctas para llevarlos a cabo. Tenemos docentes más capacitados, con un mayor conocimiento técnico sobre herramientas y recursos que apoyan el proceso educativo. Tenemos estudiantes que desarrollaron competencias de aprendizaje, en gran medida autodidactas, críticos, y ahora sí, con conocimiento del uso formal de las tecnologías, Pero, sobre todo, tenemos un grupo de personas que sabemos que somos falibles, que comprendemos que antes que docentes y estudiantes, somos eso, Personas.

Sin duda, muchos son los retos que hemos enfrentado, y muchos serán, los que seguiremos enfrentando. El éxito de lo que hagamos, depende de que veamos lo que viene con ojos de docentes renovados y mejorados. De esta manera, lograremos desarrollar un proceso de enseñanza – aprendizaje más enriquecedor, nutrido con lo que está a nuestro alcance, pero depurado con plena conciencia y conocimiento de lo que es y no es conveniente. No hay que perder de vista que no hay experiencia negativa, siempre y cuando cada experiencia nos vuelva una mejor versión de nosotros mismos.

Autor: Mtro. Víctor Hugo Navarro García

Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara (UdeG), Maestro en Educación por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM/Tec de Monterrey). Diplomado en Psicoterapia Breve por el Mental Research Instituto de Palo Alto California (MRI), en bachillerato general por competencias por la UdeG y en gestión del trabajo remoto y aulas virtuales por la Subsecretaria de Educación Media Superior (SEMS) en colaboración con Microsoft México. Próximo a obtener el título de

Diez años de experiencia en psicología clínica orientada a la atención de parejas y familias. Siete años de experiencia docente. Seis años como instructor en temas de educación y desarrollo humano. Actualmente docente de nivel media superior en sistema federal en la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial y de Servicios y Coordinador del Departamento Psicopedagógico del Colegio España en Ocotlán, Jalisco, México.

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