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El presidente no entiende que no entiende

Decisiones.- El domingo el presidente López Obrador tuvo la oportunidad de dar a México un mensaje de esperanza; un mensaje del tamaño de la crisis que enfrentamos. No lo hizo. El mensaje que el presidente lanzó, en su lugar, fue uno ideológico, que nos dejó a muchas y muchos decepcionados y preocupados porque parece ser que el presidente no entiende que no entiende. 

Pareciera que no entiende que el 78% de los empleos en nuestro país son creados por micro, pequeñas y medianas empresas que no podrán enfrentar la crisis sin apoyo. Tampoco da señales de voluntad para entender que la realidad del momento que vivimos demanda acciones contundentes y quizá nunca tomadas. 

El presidente tuvo la oportunidad de calmar a millones de mexicanas y mexicanos con un plan para hacer frente a la emergencia. Decidió echar porras a su proyecto y no detalló cómo haremos para enfrentar las consecuencias de la fase tres de la pandemia, hoy inminente. 

Hay millones de personas que se quedarán sin una fuente de ingresos para lo más básico: no podrán pagar su renta, no podrán pagar servicios públicos; habrá ansiedad para hacer que el dinero alcance. Algunos estudios señalan que la crisis puede dejar en situación de pobreza a 21 millones de personas.

El presidente apuntó también que la conducción y el plan lo dejaba a “expertos que son eminencias”. Sin embargo, hoy hay más preguntas que respuestas sobre la ejecución y el manejo de la crisis en el sector salud y económico. 

Queda, pues, la sensación de un presidente obstinado a llevar a cabo su proyecto de nación cueste lo que cueste. Queda la imagen de un presidente con poca capacidad de adaptación a los cambios y realidades que hoy enfrentamos.

Las y los mexicanos entenderían, por ejemplo, que se pusieran en pausa los proyectos de Dos Bocas y el Tren Maya, y en su lugar se diera prioridad a un programa de rescate y estímulo económico en beneficio de las mayorías. Todas y todos celebraríamos que se apoyaran medidas para garantizar el ingreso y cuidar los empleos de quienes hoy necesitarán del apoyo del Estado.

Es necesario abandonar esa idea de que la familia es “la institución de seguridad social más importante.” Si es así, es por que el Estado está fallando en su tarea de garantizar el bienestar y esto debe atenderse de raíz, no fomentarse desde el poder.

Sí, es momento de dejar de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, pero lo anterior no es mutuamente excluyente de la apertura necesaria para encontrar soluciones creativas y disruptivas a los estragos que el coronavirus dejará en nuestra sociedad. 

Nos queda la esperanza de que más voces dentro del equipo del presidente López Obrador entiendan y asuman la responsabilidad histórica que esta situación demanda de ellas y ellos. Nos queda la esperanza de que el presidente entienda que el México de hoy demanda a un líder democrático y abierto, no a un líder que imponga su visión de país. México merece más.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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