Opinión

Educar para la felicidad

Decisiones.– En diversas ocasiones asalta a mi mente la interrogante acerca del objetivo final de la educación escolar, y esta surge no sólo como docente, sino también como madre de familia que soy. Los teóricos y expertos de la pedagogía coinciden de forma casi unánime en que la educación debe preparar al niño o al joven a vivir en sociedad, y que se debe potenciar sus habilidades y capacidades, muy diferente al concepto tradicional de educar, el cual estaba casi exclusivamente limitado a la adquisición de conocimientos. 

Se sabe que las habilidades y las actitudes son la base para forjar una personalidad fuerte, flexible, resiliente, así como la capacidad de adaptación a los cambios; ya que el aprendizaje es un proceso de adecuación, en un entorno cada vez más competitivo, por lo tanto, una correcta educación socioemocional es esencial.  

Al mencionar habilidades socioemocionales (HSE) me refiero a las herramientas que permiten a las personas entender y regular sus emociones, comprender las de los demás, sentir y mostrar empatía por los otros, establecer y desarrollar relaciones positivas, tomar decisiones responsables, así como definir y alcanzar metas personales.

La felicidad forma parte de las denominadas habilidades socioemocionales, más allá de ser un sentimiento, o un concepto abstracto y posiblemente difícil de definir, es un parámetro de la salud emocional de todos los que formamos parte del proceso enseñanza aprendizaje y en general de cualquier persona. 

El psicólogo Abraham Maslow explicó en 1943, mediante su pirámide cuáles deberían ser nuestras prioridades en la vida para sentirnos realizados y felices. Dicha pirámide dice cuáles deberían ser nuestras prioridades según su relevancia, nuestras necesidades, y  las de nuestros hijos. Se distribuyen en cinco categorías: Salud física y psicológica, Seguridad, relaciones sociales, autoestima y autorrealización. 

Sin embargo, aun conociendo esta y muchas teorías que nos muestran el camino a seguir para alcanzar la felicidad, hoy en día continuamos basando la sociedad en pilares que desde mi perspectiva personal no tienen sentido. 

Me sorprende aún más ver como esta sociedad (incluidos nosotros como padres y docentes), se encarga de transmitir un mensaje negativo a los niños y jóvenes a diario: Vivimos el presente sin ser conscientes de que trabajamos  tiempo completo para el futuro y el futuro nunca llega, porque siempre estamos haciendo cosas para llegar a él, y así se nos pasan los días, las semanas, los meses, los años, la vida. Transmitimos a nuestros hijos y/o alumnos cosas como “estudia mucho que te servirá para el futuro, ve a la universidad, esfuérzate mucho, para que tengas un buen trabajo, por que eso da la felicidad, sin embargo, con nuestras obras y acciones, demostramos ser infelices. 

Creo que ha llegado el momento de hacer un alto en el camino, tomar un respiro, incluso cambiar las reglas. Hoy está más que demostrado que los procesos de aprendizaje tienen una gran parte emocional, sin conexión emocional no hay aprendizaje, de tal manera que tanto maestros como padres, debemos procurar que nuestros niños y jóvenes se emocionen, que encuentren sentido a lo que aprenden, que conecten, que sueñen que proyecten y sobre todo que trabajen en sus sueños y proyectos sin perder la ilusión. 

Quizá alguien piense, que de felicidad no se come, o que la salud emocional no nos dará un buen trabajo (o lo que muchos piensan que es un buen trabajo), sin embargo, también las empresas están volteando de un tiempo a la fecha a las habilidades socioemocionales, a la inteligencia emocional y a todo lo referente a una salud no solo física sino también mental de sus colaboradores. La prueba fehaciente la encontramos en certificaciones como Great Place to Work®, Empresa socialmente responsable (ESR), Empresa familiarmente responsable (EFR), y muchas otras. Estas buscan que las empresas provean no solo cierta estabilidad económica a sus trabajadores, sino que garanticen también estabilidad en todos los aspectos de su vida, bajo el lema “empleados felices, clientes felices”. 

La preocupación por la pedagogía para la felicidad se está convirtiendo en la actualidad, no solo en una preocupación de padres y educadores, sino incluso de los directivos empresariales que valoran la importancia de la felicidad de los empleados en su rendimiento profesional. Por tanto, estamos ante una preocupación global y un momento social disruptivo que nos debería hacer ver que es esencial educar para lograr el equilibrio de las emociones, como aspecto imprescindible en el día a día de niños, jóvenes y de adultos.

Diversos han sido los filósofos y teóricos preocupados por estudiar el concepto de felicidad. El doctor Israel Tal ben-Shahar, profesor de la Universidad de Harvard, habla de la “Ciencia de la felicidad”, como una disciplina que debe guiar la labor educativa.

A continuación, presento una lista de consejos que pueden ser útiles a todos los padres y maestros que preocupados por una educación socioemocional deseen trabajar con los niños y jóvenes estrategias personales que ayudan a la construcción del autoconcepto con base en la felicidad.

  1. Aprender de los errores o de los fracasos, perdonarlos y si es adecuado incluso celebrarlos.
  2. Valorar las cosas buenas, el éxito o la suerte… aunque tengan pequeño formato
  3. Hacer deporte. Está demostrado y estudiado que la práctica del deporte permite la liberación de endorfinas, que producen sensación placentera… por tanto de felicidad, de liberación, de conexión con el entorno
  4. Aprender a relativizar. Muchas veces nos ofuscamos ante situaciones que no son importantes, no disfrutando o valorando las cosas que lo son.
  5. Aprender, aprender y aprender. Adquirir conocimientos nos permite mejorar   nuestra base de cultura general, además de las habilidades y actitudes ante la vida.

Pero, sobre todo, padres y maestros, no olviden que el que ayuda a otros a ser más felices, también se ayuda a sí mismo. 

Autor: Yamileth Olachea Arce, docente en Cbtis 49 y UNID campus Ocotlán. Cuenta con la Licenciatura en Química Farmacéutica Bióloga y con la Maestría en Educación. Es madre de familia.

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