Opinión

¿Votar en las elecciones?

Decisiones.- El fortalecimiento de la democracia es una tarea que se construye día con día, lleva una dosis de diálogo, tolerancia y respeto a la ley, sumado a ello, una serie de ingredientes que facilitan ejercicios óptimos de gobernanza en pro del bienestar colectivo y la estabilidad del tejido social.

Este ejercicio de elevar la voz de las mayorías al espacio público, deja visible que el éxito de los acuerdos tiene un componente fundamental que es: la participación ciudadana. Una democracia sin participación es una simple ficción. Pero en la actualidad pareciera que esto no se ha entendido del todo (al menos no por los gobernantes), y no es porque la colectividad no tenga algo que decir, sino porque la distancia entre quienes son gobierno con el pueblo se hace cada vez más grande conforme pasa el tiempo.

Hoy por hoy, es posible identificar dos realidades (diametralmente opuestas) entre los que más tienen y aquellos que siguen padeciendo las fallas del sistema político.  El escenario se recrudece y complejiza cuando se acumulan pifias en los servicios públicos, aumenta la inseguridad al interior de las comunidades y no hay trabajo para llevar pan a los hogares.

Por esta y otras razones no se debe olvidar que el elector es un mexicano que se siente agraviado, un ciudadano que voltea alrededor y observa cómo se desintegra la esperanza de un mejor futuro. Y sobre todo, un votante que está harto de mantener una fauna que se empeña en vivir a expensas del trabajo del otro. Para que no quede duda, en esta elección los que piensen que se gana con “mentiras” y “memoria a corto plazo” pronto verán su derrota en las urnas.

En esta elección se trata de mostrar congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Solo así se puede recuperar parte de la confianza en el porvenir para disolver las desigualdades sociales. Dar voz al que no tiene voz, y sumar al que no tiene nada que perder porque lo ha perdido todo.

Gobernar, sin duda es una tarea difícil y más difícil cuando los que pretenden gobernar basan sus decisiones a punta de ocurrencias o manuales descontextualizados de la realidad del país. Situación que se refrenda cuando se observan luchadores, artistas, futbolistas, comediantes y uno que otro advenedizo de poca monta que no tienen la mínima noción ni el deseo de gobernar un pueblo. Su amor -de todos ellos- está en la nómina y las “maromas” oscuras que se dan en los sótanos del poder.

¿En qué falla la democracia para que cualquier señoritingo sienta posibilidades de levantar la mano y gobernar a un colectivo? La respuesta es: la democracia falla cuando la abstención se hace presente. La jauría política se encumbra solo si se deja que pocos tomen la decisión. Hay una frase muy interesante en política que reza: “Cuando exista un candidato que no te represente, ayúdalo a no llegar” y eso se da cuando se deposita el voto en la secrecía de la urna. Entonces vota este próximo mes de junio por el bien de todos.

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Magdiel Gómez

Politólogo y profesor investigador de la Universidad de Guadalajara. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y coordinador del programa Doctoral en Ciencia Política del Centro Universitario de la Ciénega.

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