Opinión

Salud mental y COVID-19: dos invitaciones y un llamado a la acción

Decisiones.- Hace algunos días leía a Juan Ramón de la Fuente y su columna “Fatiga por pandemia”, que me parece oportuna para entender lo que hoy vivimos a más de seis meses de iniciada la emergencia sanitaria. Señala que “el síndrome que hoy compartimos la mayoría, el problema de salud que se ha extendido más aún que la enfermedad por COVID-19, es el síndrome de la fatiga por la pandemia”. 

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Y cómo no estar fatigados: nos cambió la vida por completo en muy poco tiempo. Hemos visto afectada la satisfacción de nuestras necesidades: las fisiológicas, al ver afectado nuestro mantenimiento de la salud; las de seguridad, al no tener certeza, por ejemplo, de que los empleos no se perderán o de que la economía no volverá a cerrar; las sociales, al ver nuestras interacciones con las y los demás severamente reducidas; las de autoestima y de autorrealización al ver nuestros planes y el acceso a la subjetiva definición de realización afectada por la pandemia.

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Se trata de un choque en las cinco necesidades fundamentales del ser humano, según la Pirámide de Maslow. Quiero hacer énfasis: es un choque enorme que causa necesidades no satisfechas que todas y todos tenemos. 

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Hoy me gustaría hacer dos invitaciones y un llamado a la acción. La primera invitación es a aceptar que somos vulnerables y estamos viviendo momentos históricamente complejos, y a hacer lo que esté a nuestro alcance para para reducir la afectación con acciones que pueden parecer simples, pero tienen un gran impacto en nuestra salud mental. Por ejemplo, limitar la cantidad de información que consumimos y filtrarla para enterarnos de fuentes confiables, a hacer ejercicio al aire libre o en espacios seguros, a cuidar nuestra alimentación y nuestro sueño. Evitemos caer en adicciones, no abusemos del alcohol. Hagamos, en medida de lo posible, esas cosas que nos tocan en lo individual.

La segunda invitación es a lo colectivo, haciendo eco al llamado de Juan Ramón de la Fuente; a la solidaridad, entendiendo que compartimos intereses y necesidades como comunidad, y que estamos juntas y juntos en esto. Seamos respetuosos y empáticos; entendamos que la o el otro necesita hoy de nuestra colaboración o apoyo: usemos cubrebocas, estemos al pendiente de nuestros amigos y familiares; hay que crear redes de apoyo en las que, ante señales de alerta, podamos intervenir para evitar suicidios o cuadros agudos de depresión.

El llamado a la acción es para los gobiernos. Las consecuencias económicas por El Gran Confinamiento son mayúsculas: millones han perdido su empleo y con ello su fuente de ingresos, creando un círculo vicioso de enfermedades mentales al enfrentar un panorama incierto y poco alentador. Es momento de abordar y abonar a una recuperación económica socialmente incluyente y que no profundice las desigualdades. El llamado a las autoridades es para que implementen programas que permitan a las personas acceder a servicios de salud mental cuando más lo necesitan. Ampliemos la capacidad de atención psicológica y psiquiátrica para que, quien lo necesite, cuando lo necesite, encuentre las herramientas que le permitan afrontar estos difíciles momentos. La crisis por COVID-19 debe verse como lo que es: una crisis de trauma psicológico. También es importante hacer un llamado para que se atienda al personal médico que lo ha dado todo durante esta batalla.

En resumen: cuidémonos y seamos solidarios. Al gobierno, un llamado a la acción. El Gobierno de México decidió no gastar durante los primeros meses de la pandemia. Hoy es el momento de invertir en la recuperación y el bienestar de nuestra sociedad. Hacerlo permitirá evitar o reducir las peores consecuencias de la falta de acciones que reconozcan la gravedad del momento que vivimos.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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