Opinión

Peor que antes

“En política siempre hay que elegir entre dos males”, esta frase del periodista Christopher Darlington Morley, confirma por qué a muchos les repugna la actividad de los políticos. Escoger gobierno debe ser una decisión racional, calculada, aunque suele suceder que el hartazgo y molestia hacen que esta elección se haga con el corazón o, peor aún, con el estómago… y los resultados de una selección visceral suelen dar malos resultados.

A los ciudadanos les compete escoger la opción política que forme el gobierno, a los partidos les toca brindar la mejor oferta electoral. Como electores racionales, los votantes buscan que la nueva administración sea mejor que el anterior. Cuando la gente le apuesta a una propuesta partidista diferente a la que gobierna envía un claro mensaje: la alternancia obliga a los que se quedan en la banca a replantear y corregir su actuar.

En 2015, una de las causas principales del cambio de preferencias electorales fue el hartazgo: los ciudadanos se sentían insatisfechos, desatendidos, inseguros y enojados por un supuesto enriquecimiento inexplicable de quienes gobernaron. Este escenario colmó la paciencia de la gente, a pesar de las grandes obras públicas realizadas, concretándose en un voto de castigo al partido en el poder, una decisión social que no está sujeta a crítica soberbia sino a análisis humilde. La pregunta obligada es, ¿el cambio representó mejoría o, por el contrario, el tránsito resultó peor?

La realidad es que los servicios que hoy reciben los ciudadanos son insatisfactorios e ineficientes, la obra pública es apenas perceptible –proveniente en mayoría de esquemas (programas) tradicionales de aplicación de recurso-, la percepción de inseguridad es generalizada, como evidencia el desarme de la policía municipal y la incertidumbre que impera. Si consideramos que la deuda pública de Ocotlán llegó a la cifra récord de 95 millones de pesos y el gobierno recauda por conceptos que antes no cobraba (parquímetros, permisos para circulación de vehículos pesados, por mencionar algunos) y esta recolección de más dinero de los particulares no se refleja en que el municipio tenga mejores servicios e infraestructura, es lógico que las personas sospechen de la forma en que el gobierno administra y, en consecuencia, aumente la inconformidad ciudadana.

Regresando a Morley, no se trata de acudir al viejo dicho que sostiene que “más vale malo por conocido”, sino que la alternancia permite que los que están en la banca corrijan sus errores y se presenten con programas de gobierno más eficientes, así como con candidatos más aptos y honestos.

En conclusión, se debe entender el mensaje del electorado: hay que repensar los perfiles necesarios para gobernar y postular candidaturas frescas, desvinculadas de las fallas que han irritado e irritan a la sociedad. Además, el voto debe ser racional para que los resultados de gobierno sean congruentes con lo esperado.

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Mónica Tapia

Presidenta del Comité Directivo Municipal (CDM) del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Ocotlán, Jalisco.

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