Opinión

Sin propuestas pero con más violencia

Decisiones.- A la par de la crisis sanitaria por COVID-19 que se padece en todo el mundo, existe otra crisis que, lamentablemente, se recrudece y para la cual, hasta ahora, no encontramos vacuna posible; se trata de la ola de violencia que azota a todo el territorio nacional y particularmente nuestro estado. En el contexto en el que nos encontramos, y que todos los días padecemos, resulta a todas luces peligroso y preocupante que se asegure que en materia de seguridad pública, se están haciendo las cosas bien.

Para muestra un botón: según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE-2020) los temas que generan mayor preocupación a la población jalisciense mayor de 18 años son: 1) inseguridad; 2) falta de castigo a los delincuentes; 3) salud; 4) desempleo; 5) corrupción; 6) pobreza; 7) narcotráfico; 8) aumento de precios; 9) educación; 10) escasez de agua. Lo anterior genera un cóctel que como efecto secundario produce la modificación de patrones de comportamiento del individuo, y que viva de manera permanente en tensión psico-emocional; esto último se explica a partir del hecho que, de los dos millones de delitos estimados en el estado, en 9 de cada 10 casos, las personas manifestaron haber sufrido un daño en su integridad.

A lo anterior, hay que sumarle que existe una impunidad rampante, nutrida por errores y omisiones de las autoridades al integrar carpetas de investigación, por la victimización de quienes delinquen, o por mera falta de interés de la autoridad por hacer su función, por citar algunos ejemplos; el asunto es que resulta inadmisible que derivado de ello, los ciudadanos tengan que estar arraigados en sus domicilios, lo que por cierto, la experiencia deja ver que, ni dentro del hogar se garantiza estar a salvo.

Este denigrante espectáculo de no garantizar la función primordial del Estado que es brindar seguridad, obedece a múltiples factores, pero en lo particular que quienes gobiernan se mueven con miras a la siguiente elección, con base en suposiciones, chiripazos, ambigüedades y achacando la culpa a los otros sin asumir la responsabilidad del cargo. ¿cómo es posible esto? Simple: se siguen poblando las estructuras gubernamentales con taciturnos perfiles de “aprendices de todo y oficiales en nada”.

Todo lo anterior muestra que en Jalisco, al menos hasta el momento, existe una grave incapacidad para hacer valer el Estado de Derecho, y lo más absurdo es que en tiempo electoral los candidatos apenas tuvieron una vaga idea de cómo alinear ejes de seguridad con acciones y estrategias para brindar soluciones.

Eso sí, en un ambiente en el que prevalece el descontento, pesadez y sobre todo la incredulidad, los únicos felices, sonrientes y que hasta cantan su victoria son todos los suspirantes a la silla municipal; en tanto, la ciudadanía de a pie, se va sumando como una cifra a los índices de inseguridad que se incrementan cada día en los 125 municipios de Jalisco.

Va mi voto entonces por aquellos que, medianamente se acercan a tratar al otro como su igual, que le brinden respeto, tolerancia, cordialidad en una comunidad que está desvaneciéndose día con día. Estaremos atentos al día después de la elección y que el que llegue a la silla del Ejecutivo entienda que no nos hace “menudo favor” con su presencia y que quien se va, sepa administrar su derrota. Al tiempo.

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Magdiel Gómez

Politólogo y profesor investigador de la Universidad de Guadalajara. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y coordinador del programa Doctoral en Ciencia Política del Centro Universitario de la Ciénega.

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