Opinión

Se requieren ciudadanos integrales con compromiso mutuo para enfrentar al Covid-19

Decisiones.- La reincorporación ciudadana a los espacios públicos será todo un reto con la llegada del Covid-19 debido a que nada volverá a ser como antes. Para muestra, basta señalar que hasta las relaciones interpersonales se tendrán que modificar debido al “tufo” de desconfianza y miedo que será reunirse con el “vecino”, partiendo del supuesto que este ejercicio de cordialidad cívica es una amenaza para la vida.

En esta complejidad que se avecina, lo que se requiere por parte de los gobiernos y sus estructuras son la cocreación de agendas para el desarrollo las cuales contengan políticas públicas racionales que garanticen la gobernanza, gobernabilidad y el impulso a las metrópolis que tanto se requieren.

Para el caso de Jalisco y sus 125 municipios existen asignaturas pendientes que complejizan regresar a las calles para buscar la canasta básica y el fortalecimiento de la economía doméstica. Estas tareas son las referentes a la prestación de servicios de salud pública óptimos, recuperación de fuentes de empleo con apoyo a los microempresarios y esquemas para el perfeccionamiento de una cultura de la paz sin represión en un nuevo “Contrato Social” que determine de manera adecuada el estado actual de las cosas.

 

No obstante a las críticas que se puedan hacer de la solicitud de créditos, la baja efectividad de los cuerpos policiales frente a la delincuencia organizada y la impunidad de los que perturban el orden público, se debe hacer un balance que pueda acercarnos a visiones de Estado que contengan la consigna de mejora; en este sentido, el filósofo Samuel Ramos sostenía la necesidad de que los mexicanos “reconociéramos nuestros males, conociéramos su origen y en consecuencia pudiéramos liberarnos de dicha condición”.

Sin lugar a dudas, el papel del gobernante ejemplar y poder trascender a los anales de la historia debe situarse desde la óptica del estadista, con una visión que vaya más allá del tiempo y el espacio. Dicho de otra forma, el estadista es el que construye realidades por encima de partidos políticos, sectores, e intereses gremiales. Es aquel hombre que conoce la Constitución y la aplica para alcanzar categorías de orden institucional de la mano con todo el tejido social que representa.

Y si de buenos gobernantes y visiones a largo plazo se trata, es más que necesario señalar algunos de los problemas que, a juicio comunitario, son los que plantean mayores retos al desarrollo de Jalisco:

a) Falta de oportunidades de empleo y rezago social que aumentan las desigualdades entre quienes más tienen y aquellos que nada poseen; b) la pérdida de competitividad que debilita económicamente al Estado, limita el crecimiento e incentiva monopolios; c) la obesidad de la burocracia gubernamental que reproduce larvas parasitarias que viven a expensas del dinero público. Todo lo anterior conduce a la pérdida de confianza en las autoridades y en consecuencia una resistencia civil hipertrofiada.

Sin culpar al pasado, los tres últimos gobiernos estatales sumieron a Jalisco en la mediocridad, elevaron al límite del dispendio las percepciones, prestaciones y privilegios de los funcionarios y generaron un clima de inseguridad que hasta hoy acecha a los que aquí vivimos.

Por tanto, resulta más que necesario aprender de los viejos vicios kakistocráticos y no repetirlos de nuevo, se debe fomentar la seguridad con prevención, la salud con solidaridad, el trabajo con estabilidad, y la educación con herramientas para el desarrollo de competencias. Hoy más que nunca el hacer frente al Covid-19 y las nuevas normalidades requiere de un ciudadano holístico e integral con compromiso mutuo. Al tiempo y solo al tiempo podremos evaluar si vamos por un buen y mejor camino.

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