Opinión

Río Santiago: hoy o nunca

Decisiones.- Hace algunos días, el New York Times, uno de los medios más importantes del mundo, publicó un artículo en el que se refirió al Río Santiago como “Un Chernóbil en cámara lenta”. Ese el tamaño del desastre ambiental y del problema que enfrentamos. Me parece importante retomar algunos puntos y proponer una ruta para iniciar, en conjunto, a diseñar una solución de una vez por todas. 

    

Vamos por pasos. El inicio de la destrucción de la cuenca Lerma de Santiago puede ubicarse en 1940, cuando empresas transnacionales iniciaron operaciones en México. Muchas personas me han contado que ellos, cuando niños, podían meterse a darse un chapuzón al río. 

El problema se agudizó en 1994 cuando más empresas se instalaron en la zona con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y se impulsó la inversión en México. En efecto, durante mi infancia, fui testigo del deterioro del río en su paso por Ocotlán: peces muertos aparecían flotando en la superficie, el olor por el agua estancada y los contaminantes que se acumulaban era (y sigue siendo) insoportable. 

    

Es mi opinión que el problema no es del todo la captación de inversión extranjera o la instalación de empresas. Al final, la generación de empleo de calidad resulta esencial para el desarrollo de las comunidades. El problema fue (y es todavía) que el Estado, débil y cómplice, permitió la depredación ambiental por la falta de regulación y supervisión que estuviera a la altura de la voracidad y ambición desmedida que se venía. 

El absurdo de las leyes en la materia es de este tamaño: las empresas “registran sus propias emisiones y se encargan del tratamiento de estas”, es decir, son juez y parte. Las multas por no cumplir con la regulación resultan, para las poderosas transnacionales, más baratas que cumplir con la norma ambiental. Las leyes son viejas y están llenas de vacíos, y las sanciones son una burla. 

    

El presupuesto para vigilancia e inspección es también parte del problema: este año, el Gobierno Federal redujo en más de la mitad el presupuesto para medioambiente comparado con los últimos cinco años. La Comisión Nacional del Agua, CONAGUA, sólo tiene un inspector para todo Jalisco. Sin dinero y recursos para hacer cumplir la ley, es imposible esperar que haya resultados. 

Tampoco ha habido voluntad política: es necesario impulsar legislación en el Congreso para reducir los límites permitidos de descargas industriales; legislación que debe contar con apoyo entre las diferentes bancadas. Labor titánica en un Congreso tan dividido como el de hoy. Además, como documentó el NYT en el caso de Poncitlán hace algunos años, los ayuntamientos terminan 

siendo el eslabón más débil al intentar hacer cumplir la ley y terminan siendo aplastados por entes más poderosos. 

Hace algunos días nos enteramos también de que se ocultó un estudio científico sobre el grave impacto en la salud de niños que viven junto al Río Santiago: daño cognitivo y en la sangre por tóxicos como arsénico, plomo, cadmio, cianuro, mercurio y níquel. Las consecuencias de la impunidad y la complicidad del Estado han resultado en muertes: un niño de 8 años murió envenenado con arsénico al caer al Río Santiago. 

Reparemos en la dimensión del problema: nadie podrá por si misma o por si mismo solucionar la contaminación del río. La cuenca Lerma-Santiago corre por 9 estados: Estado de México, Querétaro, Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Nayarit y Colima, y son cerca de 150 municipios los que contaminan. Recordemos que cada entidad es soberana y tiene sus propias leyes, dinámicas locales y, lamentablemente, sus propios casos de negligencia y corrupción; además de también tratarse de un tema que requiere intervención federal al estar regulado bajo la Ley de Aguas Nacionales. 

Necesitamos diseñar, con calidad de urgente, una estrategia y un plan de acción e intervención; que sea vinculante, que involucre a los tres niveles de gobierno y a todas y todos los actores políticos de los estados mencionados arriba. 

Es momento de abrir un debate serio y profundo con expertas ambientales y científicos, legisladores, académicos y la sociedad en general para atacar el problema de fondo y no con más parches interminables. Ya no hay tiempo para más simulaciones. 

El resultado debe ser una ley para que, de una vez por todas, el saneamiento de la cuenca Lerma de Santiago deje de ser una promesa y se convierta en una prioridad para los gobiernos municipales, estatales y el gobierno federal. 

Deben generarse mecanismos que doten de poder a los ayuntamientos para que tengan los dientes y las facultades de observar y vigilar, así como de sancionar el incumplimiento de la ley resultado de las discusiones sugeridas arriba. 

Lo anterior sólo será posible construyendo acuerdos con organizaciones aliadas y con presión de las personas a las autoridades para que promuevan y aprueben las leyes que no permitan más la impunidad, negligencia y muerte del río. Debemos tomar partido y exigir que se atienda ya la apocalíptica situación que se vive en la cuenca.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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