Opinión

Ocotlán 2030, un futuro alcanzable

Decisiones.- ¿Planear u ordenar? Cosas del día a día, por ejemplo, pensar ligeramente en la tarde de un domingo de puente en lo siguiente; ¿qué haré mañana lunes de puente?, ¿qué ropa usaré mañana?, ¿qué comeré en el desayuno?, ¿qué tareas tengo por hacer en la chamba el próximo martes? Entre otras preguntas muy cotidianas en nuestros. Algunas personas llamamos a esto: planear. Buenísima tarea para ordenar un día, pues planear un día es básicamente sencillo y común.

Planeamos todo el tiempo y para todas las tareas que realizamos durante el día o durante la vida, inclusive planeamos a futuro sin saber si realmente llegaremos a poder concretar esas actividades; se planea desde la actividad más sencilla como bodas, cumpleaños, bautizos, despedidas de solteros o solteras, viajes, y muchas cosas más. Los médicos planean los tratamientos, los abogados sus audiencias, los matemáticos planean ecuaciones, los músicos planean la estructura musical, las amas de casa antes de comprar el mandado, los de las tienditas de la esquina para surtir el pedido, los maestros antes de sus clases, los reporteros, los artistas, comerciantes, tianguistas y restauranteros. Tíos, primos, abuelos, suegras, yernos, todo mundo sin excepción, desde lo sencillo y hasta lo complejo, planeamos, y planeamos todo el tiempo y en todas las circunstancias. Por ejemplo, también planeamos cosas tan complejas como las exploraciones espaciales, las investigaciones científicas.

Hablando de planear cosas complejas en esta vida, ¿quién rayos de todas las personas es la encargada de planear una ciudad o una metrópoli?, ¿quién define como deben ser las ciudades?, ¿dónde deben ubicarse, a qué deben dedicarse, qué tamaño y forma deben de tener?, ¿cómo deben funcionar?, o ¿dónde construir casitas, fábricas, un mercado o carretera nueva?, entre otras necesitan de ciudadanos y ciudades. Desde hace más de siete mil años aproximadamente los humanos comenzamos a construir las primeras ciudades, pero apenas hace unos 200 años comenzamos a preguntarnos ¿qué onda con las ciudades? (Antes de esto vivimos en chozas, cuevas, árboles y cosas así).

Pero allí no para el asunto, se vuelve más complejo, cuando comprendemos que las ciudades tienen relación con el campo, con el mundo entero; el cambio climático, la globalización, la economía, la disponibilidad de agua, de comida, de trabajo, con la biodiversidad, la contaminación, la política, el entorno natural, la migración y miles de cosas mas. No somos seres vivos aislados, no vivimos en planetas distintos ni venimos de galaxias lejanas, no vivimos en burbujas independientes. La ciudad se rodea de un territorio y de más ciudades de distintas formas y distintos tamaños; llamamos a esto hábitat. Los pajaritos tienen su hábitat, los leones y tigres el suyo, los peces en las aguas tienen su hábitat y así cada ser vivo tiene el propio, y el de nosotros es el más complejo hasta este momento en la faz de la Tierra.

Ahora bien, acerquemos un poquito la lupa. Aquí y ahora. Ocotlán, Jalisco, México y una pequeña y mal administrada Zona Metropolitana con los vecinos de Poncitlán y Jamay, en su mismo Estado, donde viven alrededor de 143 mil almas que comparten el margen de un mismo lago, a una distancia de 1:45 horas de Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México. De esas 143 mil almas viviendo en estos tres municipios, ¿cuántas personas están anticipando el futuro de esta metrópoli, teniendo una visión futurista de la ciudad, del territorio, de la sociedad, enterados de todas las cosas que suceden, y llevan el timón del barco?

Por su parte, la Zona Metropolitana de Guadalajara crece, no se detiene. Avanza, por fortuna o desgracia no puede crecer como ella quisiera hacia el norte, hacia al este ni hacia el oeste, y en cambio se dirige hacia el sur, hacia la ribera de Chapala. Como metáfora sería como una colisión anticipada. En esa metáfora del choque entre ciudades, una grande y obesa Área Metropolitana de Guadalajara desmayará de un golpe a la pequeña e indefensa ciudad de Ocotlán junto con todo su pequeño desarrollo. Seamos honestos, Ocotlán no compite con Guadalajara, ni poquito, en el sentido de saber cuál de las dos ciudades es más próspera. La pequeña metrópoli de Ocotlán tiene dos opciones entonces: estar destinada a convertirse en otro traspatio olvidado de Guadalajara, o convertirse en un Área Metropolitana próspera e independiente, modelo para todo el estado de Jalisco.

Este momento sigue siendo trascendente para los próximos 40 años, no sólo del mismo Ocotlán o de Guadalajara, sino de todo un Estado que ha apostado todos los huevos de la gallina en las mismas canastas de siempre: el Área Metropolitana de Guadalajara con Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y otros cinco municipios. Los ocotlenses tenemos la oportunidad de oro, de lograr realmente ese modelo de ciudad que posicione a Ocotlán ante el mundo, de forma competitiva, pero a la vez que dé a sus habitantes una muy alta calidad de vida, sin contaminación, resistente y preparada ante el cambio climático. En la misma metáfora, Guadalajara no podría con este movimiento porque es tan grande y pesada que intentar encender el motor para avanzar le requeriría miles de litros de combustible que tiene escasos, pero Ocotlán es apenas una silueta delgada que en cinco minutos podría encaminarse con paso ágil hacia el desarrollo urbano sostenible.

Como dato último: Ocotlán apenas supera los 100 mil habitantes y es el centro de negocios, de educación, de salud y de servicios en general de más de 143 mil personas de la pequeña metrópoli (Jamay, Poncitlán y Ocotlán), y sirve a casi 200 mil almas de toda la región Ciénega de Chapala. Población nada despreciable para los votos de aquellos valientes que se postulan como nuestros gobernantes o representantes. Pero lejos de ello, en Ocotlán comienza a haber un núcleo duro (aunque por ahora bastante pequeño) de masa crítica que se cuestiona la legitimidad de los actos de gobierno, la interacción de su iniciativa privada, la participación ciudadana en los asuntos del día a día y el grado de involucramiento de las instituciones públicas en los temas de la ciudad, sociedad y metrópoli.

Por ello, algunos consideran que una ciudad de este tamaño no puede estar raptada por la ocurrencia o el sentimentalismo de servidores públicos que hacen berrinche, se enojan y actúan por capricho. Por el contrario, en un mundo conectado y competitivo, en una ciudad como Ocotlán con todas estas circunstancias a favor el ritmo debe marcarse por la toma de decisiones basada en la evidencia, de forma objetiva, eficaz, eficiente, efectiva y por conocedores en la materia. Y donde los actos de gobierno deben demostrar suficiencia en la regulación, por ejemplo en la aplicación de las normas de urbanización primero, edificación, vialidad, de giros, negocios, de seguridad pública, entre otras. Pero también debe existir una sociedad bien comprometida en este proceso. Alguien mencionó, “no se ama, lo que no se conoce”, que “existen un desencanto de Ocotlán por los ocotlenses”. Parecería que en una tierra de migrantes (porque finalmente todos somos migrantes de cierta manera), a muy pocos les importaría el involucramiento social, su terruño, su hábitat, su confort y su correspondencia para con esta ciudad.

Aquellos que tienen hijos, sobrinas, ahijados, nietos, hermanas, y demás personas pequeñas, niños, niñas, y a los que les importa el futuro y a los que les importa dejar huella en el mundo, valdría mucho la pena que terminaran este texto, haciéndose las siguientes preguntas, ¿quién está planeando la prosperidad de estos pequeños niños y de su futuro?, ¿quiénes se la están jugando ahora como un leones embravecidos contra muchos intereses, tratando de convertirnos a nosotros en esa pequeña Área Metropolitana bien próspera, inclusiva, segura y preparada al cambio climático?, pero también ¿a quién le debemos pedir transparencia y rendición de cuentas de sus actos de esta planeación, dentro de los próximos 40 años?, ¿a quién le daremos las gracias por haber sido visionarios, o le lanzaremos nuestros reclamos ciudadanos?. Al final del día y dentro de algunos años sólo existirán dos tipos de ciudades según los expertos; los ganadores, y los perdedores. Aquellas ciudades prósperas donde sus ciudadanos se anticiparon, fueron inteligentes planeando su futuro y se organizaron. Y aquellas otras donde se durmieron en el camino, donde no existió una masa crítica, la ciudad de aquellos donde no se planeó el futuro, donde importó más el beneficio particular que el bien común. Y a ti, después de 500 años de la fundación de Ocotlán en el 2030, ¿en cuál de estos dos tipos de ciudad te gustaría vivir?

Colaboración:

  • Licenciado en Psicología Jorge Omar Águila Rodríguez. Maestría en Educación y candidato a Doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de Guadalajara.
  • Arquitecto Francisco Javier García Ramírez. Maestría en Urbanismo y Territorio por la Universidad de Guadalajara.

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Javier García

Francisco Javier García Ramírez, nacido en Ocotlán, Jalisco. Titulado por el Instituto Tecnológico de Jiquilpan como arquitecto con especialidad en planeación urbana y regional en 2011. Ha trabajado en el sector público, como asesor externo de asociaciones civiles y asociaciones vecinales de Ocotlán, e impulsado su marca JavierGarcíaArquitecto® con la iniciativa privada desde el año 2010. Actualmente se desempeña como servidor público en el gobierno local mientras estudia la maestría en Urbanismo y Territorio de la Universidad de Guadalajara Centro de Arquitectura, Arte y Diseño.

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