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Números de terror y cómo enfrentarlos

Decisiones.- Carlos Urzúa, ex Secretario de Hacienda, escribió el día de ayer en El Universal que “López Obrador no pareciera tener una visión clara de lo que está pasando. Se encuentra dando palos de ciego a diestra y siniestra, sin entender que es a los trabajadores y a las empresas a quienes debe ayudar primero.”

    

Me parece que tiene toda la razón. Los números que se han publicado son de terror: el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó que durante el mes de abril se perdieron más de 555 mil empleos, equivalentes a más 770 empleos perdidos por hora. La mayor pérdida en un mes desde que se lleva este registro. 

Estos más de medio millón de empleos perdidos no contemplan otros miles de empleos informales que seguramente hoy ya no existen (en México el 60% de las personas que laboran lo hacen en la informalidad). Las cifras tampoco miden el impacto negativo en los ingresos de las personas auto empleadas o que hoy perciben un sueldo menor como consecuencia de El Gran Confinamiento.

    

De seguir con la tendencia, organismos de la Iniciativa Privada prevén una pérdida total de millón y medio de empleos formales y otro millón y medio de empleos informales al cierre de 2020. Es decir, 3 millones de empleos perdidos.

Resulta también alarmante el análisis del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) que advierte que la pobreza extrema podría aumentar entre 6.1 y 10.7 millones de mexicanas y mexicanos. Lo anterior debido a que los hogares mexicanos dependen fuertemente de sus ingresos laborales, y a que nuestro país enfrenta a la pandemia en condiciones de vulnerabilidad.

    

Preocupan mucho las cifras. Preocupa aún más que parecen no ser suficientes para encontrar en Palacio Nacional a un presidente que dimensione y entienda el tamaño del problema que millones de mexicanas y mexicanos enfrentan o enfrentarán al perder su fuente de ingresos. El presidente López Obrador y muchos cuatroteístas no pueden o no quieren entender que la prioridad hoy debe ser cuidar los empleos y el ingreso de las personas.

Los números son escalofriantes y deberían crear un sentido de urgencia en la administración del presidente López Obrador. Los terribles pronósticos demandan poner el bienestar de las y los mexicanos en el centro del debate por encima de apuestas ideológicas y modelos del pasado que hoy no tienen ni pies ni cabeza. No hacerlo traerá sufrimiento a las personas más vulnerables: los más pobres.

Hoy hay que apoyar a la economía de forma directa. Es momento de implementar un programa emergente para proteger a las personas que viven la terrible realidad de haberse quedado sin ingresos y no tienen para lo más básico. Se trata de apoyos y no de préstamos para evitar que sean las personas más vulnerables a las que se les traslade el costo de implementar estos programas.

Los gobiernos deben buscar asegurar el acceso a la canasta básica de alimentos para todos, así como garantizar que no haya cortes al servicio eléctrico por falta de pago los siguientes cuatro meses. Debe explorarse emitir un decreto que frene los desalojos residenciales de forma temporal por falta de pago de rentas a personas que hayan visto sus ingresos afectados como consecuencia de la pandemia, privilegiando el diálogo y la solidaridad entre arrendadores y arrendatarios. Esto permitirá evitar que aumente el número de personas en situación de calle.

Apoyar a las empresas es también un frente vital para cuidar el ingreso de las personas. Gobiernos de países como Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Colombia, entre otros, hoy están subsidiando el pago de nómina a empresas que hayan visto sus ingresos afectados. Implementar una medida similar en México ayudaría a evitar miles de despidos. Tengamos también en cuenta que es más costoso generar nuevos empleos que cuidar empleos existentes. La medida anterior deberá de ir acompañada del congelamiento del pago de las cuotas obrero-patronales por lo menos cuatro meses.

Para las empresas que ya hayan despedido personal, debe explorarse la opción de un subsidio temporal para recontratar a las y los trabajadores una vez que se levanten las restricciones sanitarias.

El acceso al crédito resultará indispensable para que las empresas puedan salir adelante. Las grandes compañías que cotizan en la Bolsa de Valores pueden colocar bonos corporativos que son adquiridos, por ejemplo, por la Reserva Federal en Estados Unidos o el Banco de México en nuestro país, inyectándoles el efectivo que hoy necesitan. 

Sin embargo, esto deja fuera a las micro, pequeñas y medianas empresas, que generan 8 de cada 10 empleos en nuestro país. El gobierno federal debe hacer todo lo posible para acercarles recursos de la banca de desarrollo que hoy necesitan para no morir. Debe tratarse de prestamos con un periodo de gracia de por lo menos cuatro meses para iniciar el pago y con una tasa de interés muy baja. Al brindarles este salvavidas a las MIPYMES, se salva también a toda la cadena productiva de la que forman parte. En otras palabras, se protege el valor que se ha creado en las comunidades con tanto trabajo, sudor y esfuerzo. 

¿Cómo financiar todo lo propuesto anteriormente? Sin duda, se tendrá que aumentar la deuda pública, como lo están haciendo prácticamente todos los países que han dado una respuesta que pueda paliar los efectos de la crisis. Sin embargo, también habrá que abandonar un capricho presidencial: PEMEX. 

La paraestatal es hoy un barril sin fondo, y proyectos como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el Aeropuerto de Santa Lucía deben dejar de considerarse como prioritarios. La prioridad debe ser evitar el sufrimiento de millones de mexicanos en riesgo de caer en pobreza extrema.

También habrá de discutirse una reforma fiscal progresiva para que el gobierno tenga más recursos para pagar la deuda una vez pasada la crisis. Medidas como impuestos a la riqueza o una sobretasa temporal deberán estar en el debate.

La gravedad de las circunstancias demanda un cambio de rumbo. Con voluntad política, muchas iniciativas con potencial de cuidar el ingreso, salvar empleos y evitar sufrimiento, pueden implementarse en nuestro país.

Muchas de las propuestas aquí citadas se inspiran en propuestas hechas por Carlos Urzúa, Santiago Levy, Gerardo Esquivel, Valeria Moy, entre otros.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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