Opinión

Muchas mujeres de Ocotlán son como malabaristas: trabajan, estudian, cuidan hijos y aparte “deben” ser felices

Decisiones.- Los movimientos feministas han luchado y logrado que cada vez más mujeres accedan, permanezcan y asciendan en espacios laborales y educativos. Sin duda la generación de nuestras abuelas y madres tuvieron infinitamente menos oportunidades, recursos y posibilidades para estudiar o trabajar que las generaciones actuales.  En últimos años, ya no es extraño ni cuestionable que una mujer diga que su proyecto de vida incorpora deseos de ser arquitecta, profesora, abogada, bióloga marina o cualquier otra profesión a la par que otras inquietudes tales como: casarse, tener hijos, viajar y ser feliz. Pero, ¿esto es suficiente para asegurar que ya no hay diferencias de género en los espacios públicos? ¿podríamos sostener que las mujeres han reducido la brecha de género y que logran compatibilizar su vida privada y pública de igual forma que los hombres? En las siguientes líneas mostraré algunos elementos que, muy posiblemente, nos permitan reflexionar con mayor detalle acerca de estas pregunta.

Recientemente el Centro Universitario de la Ciénega (CUCI) ha iniciado el proyecto de construir una guardería para sus estudiantes y trabajadoras madres, mismo que muy probablemente estará en condiciones de uso los últimos meses de este año. Pese a estas fecundas, recientes e importantes labores del CUCI, es necesario destacar que en Ocotlán, y en otras partes de Jalisco, actualmente la mayoría de la escuelas preparatorias y las universidades no cuentan con guarderías o normatividades específicas en las que se regulen y protejan de manera explícita los derechos y apoyos que tiene una mujer madre que le faciliten conciliar su vida privada y estudiantil. Además, si consideramos que desde la década de los 60s ha habido un aumento notorio y permanente de mujeres en las aulas, queda más que visible que durante casi 60 años las mujeres que querían estudiar sin renunciar a tener hijos tenían que, por un lado, convencer a los padres, esposos o familiares de que “las dejaran estudiar” y que podían con todo, y por otro lado, arreglárselas “como pudieran para los cuidados de sus hijos”, lo cual implicaba recurrir y solicitar el apoyo de amigos, pareja, familiares o vecinos para que lleven sus hijos a la guardería, los recojan o los cuiden por ratos.

Una vez que muchas mujeres han logrado sortear con éxito todas las dificultades de estudiar, ser madre, hija cuidadora de padres o abuelos y esposa, y ya que alcanzan a terminar la carrera, viene el segundo gran escalón a pasar, el trabajo. En la vida laboral, se valora positivamente que los trabajadores tengan disponibilidad de horario, sean proactivos, comprometidos, constantes y estén dispuestos a participar en capacitaciones y actividades extra laborales. Por ejemplo, en múltiples organizaciones y trabajos se organizan actividades recreativas y culturales para conmemorar el día de la madre, del niño, navidad, partir la rosca de reyes o hasta el día del perro. Estas actividades se llevan a cabo en las tardes o en la noche, y se le demanda o insta a las mujeres trabajadoras para que participen de estas actividades ya sea como organizadoras o como asistentes. No obstante, y de forma incongruente, resulta que las guarderías ofrecen un servicio de 8 de la mañana a 4 de la tarde, pero si los niños están enfermos no los reciben. Mientras que las escuelas primarias, por ejemplo, tienen horarios de 8 a 12:30 por la mañana y de 2 a 6:30 por la tarde. Estos horarios como se puede ver son incompatibles con los tiempos de trabajo que, muchas veces son de 7 a 5, de 9 a 2 y de 4 a 8, o a veces hasta más tarde. Acarreando que las mujeres decidan trabajar media jornada, sacrificar su crecimiento profesional, correr de un lado a otro, ser madre con culpa o bien un desgaste físico, mental y emocional gigante.

Muchas personas pudieran sostener que el cuidado de los infantes no solamente es responsabilidad y tarea de las madres, y claramente tienen razón, pero basta con mirar las encuestas de ocupación de tiempo libre mexicanas para demostrar que los hombres siguen ocupando menos cantidad de horas al día que las mujeres en el cuidado de otros (padres, perros, niños) y en las actividades del hogar.

Esto nos deja varias interrogantes, ¿cómo hacer para que lo que en un tiempo fue una posibilidad y deseo como el estudiar o trabajar no termine convirtiéndose en un doble o triple esfuerzo? ¿cómo hacer para no tener que postergar tener hijos por el trabajo? ¿es posible estar en espacios públicos y con familia sin terminar agotado, estresado o con ojeras? ¿cómo ser mujer y no tener que ser malabarista en una cultura con diferencias de género? Las respuestas a estas cuestiones no son sencillas, y claramente visibilizan la necesidad de seguir trabajando por condiciones de trabajo y escolares que consideren las situaciones y necesidades de las mujeres. Así como nos invitan a seguir cuestionando los roles de cuidado dentro del hogar.

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Karla Alejandra Contreras

Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales en CIESAS-Occidente. Maestra en Psicología Social por la Universidad Católica del Norte, Chile. Es profesora en el Centro Universitario de la Ciénega (CUCI) de la Universidad de Guadalajara (U. de G). Investiga y reflexiona sobre temas de género, sexualidades, maternidades y juventudes.

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