Opinión

Micromachismos: Las formas ocultas de la violencia de género

Decisiones.- Hace un par de días causó furor e indignación entre la ciudadanía ocotlense el discurso del cardenal emérito Juan Sandoval acerca de que las mujeres no deberían participar en la procesión de la Entrada de los Gremios y con bastante razón.

Sin duda este tipo de comentarios que de forma explicita promueven la segregación de las mujeres y la inequidad son fácilmente identificados, cuestionados y criticados por la ciudadanía. Muchos nos sentimos agraviados, indignados y hasta excluidos socialmente.

Sin embargo, hay otras formas de machismo y violencia de género que operan de manera más sutil, cotidiana, frecuente y casi imperceptible y que tienen un efecto igual de nocivo o hasta mayor. Estas acciones son llamadas: micromachismos.

¿Has escuchado la palabra micromachismo? ¿sabes a qué se refiere? ¿has sido víctima o receptor de ella? En esta comunicación hablaré acerca de los micromachismos, cómo operan y qué podemos hacer para ponerles freno.

Los micromachismos son acciones, tareas o funciones que se le atribuyen a las mujeres porque se considera que “están hechas para ello” o “tienen una naturalmente habilidad o el deseo para realizarlas”. Los micromachismos parten de ideas que se han dado como naturales acerca de lo que debieran hacer las mujeres y los hombres en la sociedad.

Algunos ejemplos de micromachismos son:

1) Tener mascotas en casa y pensar o asumir que la mamá tiene que alimentarlas.

2) Cuando hay un enfermo en casa o en hospital delegar en las mujeres de la familia las tareas de cuidado.

3) Esperar que en las oficinas o trabajos las mujeres sean quienes preparen y sirvan el café a los otros, no por su cargo o rango, sino simplemente por ser mujeres.

4) Llevarle la bebida más fuerte a un hombre y la más dulce o suave a una mujer, por ejemplo, agua a las mujeres y coca cola a los hombres ó whisky a los hombres y cóctel a las mujeres.

5) Que los hombres no hagan los pagos o vayan a las reuniones de los niños “por no tener tiempo”.

6) Que los hombres ocupen más espacio en el autobús por “no poder cerrar las piernas”.

7) Que los hombres pretendan explicarle a las mujeres cosas sencillas por creer que no pueden entenderlas.

La lista pudiera seguir con muchos etcéteras más, aunque el asunto es más bien evidenciar que existen estas y otras muchas actitudes que quizá de manera inconsciente, no pensada y no intencional se delegan a las mujeres por su ser mujeres, y que parte de una base machista. Si bien los micromachismos no generan la muerte, golpes o violencias observables sí que pueden tener efectos como mayor cansancio por tener que realizar un gran número de actividades, pérdida de autoestima, fastidio o hasta enojo, conllevando a conflictos mayores.

Una manera de hacer frente a los micromachismos es desnaturalizando estos comportamientos, dejando de lado expresiones como “me toca porque soy mujer” o “es que el no sabe”, “el no tiene tiempo” o “nada le queda bien”, más bien habría que establecer acuerdos de pareja o con otros actores claros de qué hace cada quién, cuándo lo hace y por qué.  Hacer esto es poner los primeros cimientos para construir relaciones más equitativas e igualitarias.

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Karla Alejandra Contreras

Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales en CIESAS-Occidente. Maestra en Psicología Social por la Universidad Católica del Norte, Chile. Es profesora en el Centro Universitario de la Ciénega (CUCI) de la Universidad de Guadalajara (U. de G). Investiga y reflexiona sobre temas de género, sexualidades, maternidades y juventudes.

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