Opinión

México hoy: ni crecimiento ni desarrollo

Decisiones.- Vivimos en nuestro país una coyuntura económica complicada: hay estancamiento en el crecimiento económico y los pronósticos no son alentadores. A pesar de que Estados Unidos -nuestro principal socio comercial- no ha dejado de crecer desde 2010, en nuestro país la historia es diferente. Hay muchos factores, sin duda, pero la política interna es el que más ha pesado en el nulo crecimiento económico que hoy enfrentamos.

En un análisis muy general, la situación de falta de crecimiento económico sí es atribuible principalmente a la 4T: el gobierno federal no ha sido capaz de generar un ambiente de certidumbre ante un presidente que vive de las ocurrencias y de la atención mediática, así como de ataques a las instituciones que ponen en duda el de por sí débil estado de derecho que impera en nuestro país. 

Sin embargo, la situación acumulada que vivimos en México va más allá del presidente López Obrador. Explico. Desde 1994, se ha tenido un crecimiento económico anual promedio de 2.4% (Banco Mundial). Lamentablemente, nos hemos obsesionado en cuidar únicamente el indicador de crecimiento del Producto Interno Bruto -indicador que sólo mide el agregado de los bienes y servicios producidos en nuestro país- y hemos descuidado otros índices de bienestar que reflejan mejor la situación que vive la mayoría de la población.

¿Qué hace que las personas tengan bienestar? El derecho a la salud me parece, es fundamental. Si bien ha habido crecimiento económico en agregado, las instituciones de salud pública se encuentran al borde del colapso por falta de recursos, por corrupción, y por falta de capacidad de atención: no hay camas, medicinas, estudios, doctores, enfermeros que alcancen. Las personas más afectadas son las que menos tienen al verse obligadas a comprometer su patrimonio para salir de una enfermedad de ellas o sus seres queridos.

Por otro lado, no hay garantía de pensiones para quienes empezamos a trabajar después de la reforma de 1997, y la mitad de las y los trabajadores mexicanos que hoy laboran en la informalidad no tienen acceso al sistema de ahorro para el retiro, que también ha quedado a deber en resultados.

El acceso a oportunidades de educación de calidad también se ha deteriorado. En 2020, por ejemplo, la Universidad de Guadalajara sólo fue capaz de admitir al 40% de los aspirantes a recibir educación superior. La educación es el motor principal para promover la movilidad social y en nuestro país, es un privilegio acceder a educación superior. También hemos visto que la educación básica no mejora: somos el penúltimo país en la OCDE en resultados de la prueba PISA, un examen para medir la efectividad de la educación impartida en los países miembros. Lejos de ser culpa de los profesores, el sistema educativo no permite tener acceso a las herramientas e infraestructura necesarias para formar a alumnas y alumnos.

Se ha crecido en términos macroeconómicos, pero cada vez es más difícil para las micro, pequeñas y medianas empresas mantenerse a flote ante un sistema que parece diseñado para extinguir el emprendimiento local y fomenta la concentración económica y de poder que tanto daña a la sociedad, a la innovación, y a las comunidades.

No se ha cuidado al medio ambiente a la par del crecimiento económico. Se han destruido ríos, bosques, y, lamentablemente, las ciudades se han convertido en demarcaciones de privilegios o precariedad: la calidad de la vivienda, el acceso a agua, servicios públicos y movilidad dependen del código postal.

¿Qué hacer? Me parece que es momento de medir el desarrollo y el bienestar y no sólo el crecimiento económico. Una idea es, por ejemplo, retomar el Índice de Desarrollo Humano que se diseñó en 1990 y actualizarlo a los tiempos que vivimos, tomando en cuenta las diferentes esferas que permiten que las personas vivan mejor. El bienestar de las personas debe ir más allá de los discursos mañaneros. Debe ir acompañado de políticas públicas que estén orientadas a resolver y atacar los problemas sistemáticos de fondo. 

Cabe mencionar que lo anterior no significa olvidarnos del crecimiento económico: después de todo, sin crecimiento no habrá ingresos fiscales para fortalecer las instituciones públicas ni nueva riqueza que repartir. Hay que fomentar la inversión, el emprendimiento local, la creación de empleos de calidad y la inclusión a la economía formal. Dicho esto, hay que reconocer que el énfasis económico actual de enormes ganancias para pocos no está funcionando para la mayoría de las personas, y que es el Estado el ente que debe garantizar todos los derechos para todas las personas.

En síntesis, el enfoque de nuestros esfuerzos debe reconocer que los seres humanos son más importantes que el dinero y que debemos buscar maximizar el bienestar. 

Mencionaba arriba que la situación va más allá del presidente López Obrador porque hoy vivimos el resultado de la acumulación de una serie de políticas erróneas a lo largo de los años. Sin embargo, es oportuno señalar que las políticas que se han implementado y los ataques sistemáticos a las instituciones que se han hecho en esta administración no sólo no han honrado el cambio que muchos esperaban con la llegada del presidente al poder, sino que han empeorado la situación de muchas de las áreas e instituciones para el bienestar que comentaba arriba y sí, afectando a los que menos tienen.

Habrá que seguir atentas y activos para lograr que se ponga a las personas y su bienestar al centro de la toma de decisiones.

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Jesús Chavoya Moya

Ocotlense. Economía Financiera.

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