Opinión

La voracidad del oro verde

Decisiones.- “Quien no conoce la historia, está condenado a repetirla”, dice un viejo adagio que resume a la perfección la dinámica mexicana sobre el cómo la explotación excesiva de los recursos naturales en el país por la obtención de beneficios económicos ha generado estragos cíclicos a lo largo del tiempo.

Hace unos días, se volvió a presentar otra tragedia: el colapso de una cuarta parte del municipio de San Gabriel por una avalancha cargada de residuos de quema forestal acompañados de agua y lodo por el desbordamiento del río Apango.

La tragedia llegó intempestivamente hacia una localidad que aún no se recuperaba de la exposición a partículas y contaminantes a principios de este mes por contingencias atmosféricas como resultado de la quema del área forestal cercana.

Las pesquisas que ha arrojado el origen de la avalancha o desbordamiento que propició una situación de emergencia que se hizo tangible con la aplicación del Plan DNIII encontró a un enemigo en común: los incendios forestales como modus operandi para la expansión del gremio aguacatero.

Si bien este producto es el sostén económico de decenas de familias en la región y una de las actividades agrícolas más productivas en los últimos tiempos a nivel nacional (de ahí su denominación de “oro verde”), la cual ha recibido múltiples apoyos económicos a través de programas sociales por parte de las autoridades federales y estatales, también se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para las comunidades aledañas y productores de otras especies debido a las externalidades negativas que representa su cultivo masivo y sin control.

Desde hace más de una década, se ha venido documentando que el uso excesivo de herbicidas y fertilizantes químicos, aunado a una demanda cada vez más fuerte (que ha llegado a altos niveles de importaciones) ha contaminado el suelo, el agua, la atmosfera y el propio producto por el mal manejo realizado durante todas las fases del proceso de producción.

A finales del año antepasado, la Secretaría de Desarrollo Rural del Gobierno del Estado apenas presentaba el plan de manejo sustentable del sector con la finalidad de incentivar la reconversión productiva, enfatizando “que la tala de árboles por el avance de la producción de aguacate aún no era problemática grave en Jalisco” (U de G noticias, 18 de diciembre 2017). Y, sin embargo, al día de hoy tenemos una situación apremiante que ha dañado significativamente a toda una región del país.

Por tal motivo, desconocer la voracidad de este gremio, es enfatizar que el acceso no controlado a playas con alta fragilidad ambiental (como las Islas Marietas) no repercute en nada, o que el construir un aeropuerto sin “Manifestación de Impacto Ambiental” no es necesario, o que no hay necesidad de una visión sostenible en procesos productivos que utilizan como materia prima los recursos naturales.

Es de suma importancia exigir que la economía tenga un componente ambiental sostenible, para asegurar que la historia de explotación de recursos no se repita.

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Inmaculada Ramírez Rojas

Se desempeña como Jefe de la Unidad de Cambio Climático y Resiliencia del Gobierno de Zapopan. Durante la administración 2015 al 2018 del Gobierno de Guadalajara fue la Jefe de la Unidad de Cambio Climático y Resiliencia. Estudió la Licenciatura en Estudios Políticos y Gobierno, la maestría en Políticas Públicas por la Universidad de Guadalajara y actualmente está en el posgrado de Administración y Políticas Públicas por la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato.

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