Opinión

Feminicidios, violaciones, asaltos hacia mujeres, ¿cuál es el origen y cómo combatirlos?

Decisiones.- En el 2013, subí a un taxi a eso de las 2 de la tarde en Guadalajara. Le pedí que me llevará del Centro al Álamo; de pronto me vi en medio de calles solitarias, con fábricas por doquier y poca gente, y en una ruta que no. Le pedí al taxista que me bajará ahí mismo, el conductor me dijo que faltaba poco para llegar, sentí desconfianza, saqué un gas pimienta y temblando y apuntándole le dije: “Bájeme”. Me bajé temblando y camine asustada varias cuadras, ahora pienso en la suerte que tuve en esa ocasión de librarme de un posible y casi seguro secuestro, violación o muerte.

Actualmente, cuatro años después, en México se leen por doquier y con bastante frecuencia las notas de mujeres que son raptadas, violadas y asesinadas por tomar camiones, taxis, Uber, Cabify en diversos estados.

Más aún transitar por la calle de día se ha vuelto un factor de riesgo. Hace tan solo unos meses volvíamos de comer una amiga y yo, eran aproximadamente las 4 de la tarde, y un tipo nos persiguió dos cuadras masturbándose frente a nosotros. Era de día, soy feminista, con niveles de estudios superiores al promedio, psicóloga y aun así me quedé pasmada, no pude gritar, no pude decir nada.

Estas situaciones sin duda responden a violencia de género que en los peores casos terminan en violaciones y feminicidios, y en otros se convierten en experiencias traumáticas.

Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Jalisco y muchos estados del país poco a poco se han ido transformando en espacios inseguros, por ejemplo, las complejas redes de corrupción, los altos indicies de impunidad, los sistemas policiales ineficientes y ineficaces, la presencia de sólidas redes de trata de mujeres y el ocultamiento de los medios de comunicación de la gravedad de la situación.

Hay continuidad de creencias de que hay espacios y horarios por los que pueden transitar las mujeres y horarios en los que no. El espacio por sí mismo no es inseguro o seguro, nosotros como cultura lo hemos construido así y debemos luchar por pensarlo de manera distinta.

Quizá años atrás la lógica de las mujeres en casa y los hombres en el trabajo hacia que las mujeres no anduvieran por el espacio público, ahora muchas mujeres trabajan de madrugada, de noche, de mañana, de tarde y deben poder hacer los tránsitos y sus vidas sin el temor de ser asaltadas, violadas, acosadas o cualquier otra cosa.

Si a esto sumamos que el machismo valida y promueve en muchos hombres que las mujeres son objetos, que se pueden tomar, que se pueden apropiar, que hay que usar y desechar, que están para servir a los hombres. Tenemos la combinación perfecta para crímenes que están arrancando vidas.

El transporte público de cualquier tipo, llámese camiones, combis, taxis, Cabify, etc. son transportes que son mayormente usados por mujeres. La pregunta es: ¿por qué entonces no se ha regulado que los choferes sean mujeres o personas que sean exhaustivamente investigadas (psicológicamente, legalmente, historial laboral) antes de ser contratadas? ¿por qué en los contratos de las empresas de transporte público no hay acuerdos sobre las sanciones en el tipo de casos como el que ocurrió con Mara? ¿será que es más fácil pagar poco y aceptar sin rigurosidad a los choferes que pagar justo y hacer exámenes y pruebas que demuestren la salud mental y sexual de los choferes?

El asunto de Mara, y de muchas mujeres más que han sido violentadas  a manos de choferes, no hace más que poner en evidencia que las mujeres hemos sido victimas de complejas redes que vulneran a las mujeres y las exponen. Lo ocurrido no es un crimen de un hombre desquiciado o pervertido, es un crimen producto de acciones que ha dejado de hacer el estado para proteger a sus ciudadanos, que han dejado de hacer las empresas para regular las contrataciones y los perfiles de los choferes que contratan, que como sociedad hemos enseñado a nuestros hombres.

No es casual que México hasta hace pocos años estuviera en el ojo público por los múltiples feminicidios de Ciudad Juárez, por la trata de personas en otros estados y ahora por esto. Hay acciones por hacer como sociedad, como gobierno, como empresas. Urge pensar los horarios, las labores, los servicios de manera incluyente para las mujeres, y esto es una tarea pendiente también para Ocotlán.

A partir del tema de Mara se ha visto en redes sociales una campaña donde múltiples actores ofrecen sus casas, sus autos para transportar a amigas cuando les anochezca o se les haga tarde, la campaña es excelente porque activa las redes de apoyo, la sororidad y el sentir comunitario. Sin embargo, por sí misma no es suficiente, habrá momentos en el día en que las mujeres también estemos expuestas, por ejemplo cuando vas en un camión y todas las personas se bajan y quedas sola como mujer.

A la par de esta iniciativa solidaria y comunal debemos como ciudadanos no bajar la guardia y exigir a las empresas de transportes que se comprometan a analizar los perfiles psicológicos de los usuarios que contratan, a capacitarlos en perspectiva de género.

También es necesario seguir luchando porque estados que no han aceptado la alerta de género, por ejemplo Puebla, lo incorporen. Es necesario además formar a los hijos, hijas, hermanos, hermanas en temas de género, enseñar a los otros que no hay sujetos o vidas valiosas frente a otras expropiables.

Finalmente el tema de la corrupción y de la impunidad siguen siendo temas que están de fondo y que tienen efectos perversos y con los que tendremos que seguir luchando.

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Karla Alejandra Contreras

Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales en CIESAS-Occidente. Maestra en Psicología Social por la Universidad Católica del Norte, Chile. Es profesora en el Centro Universitario de la Ciénega (CUCI) de la Universidad de Guadalajara (U. de G). Investiga y reflexiona sobre temas de género, sexualidades, maternidades y juventudes.

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