Opinión

El problema no es la maternidad, es la maternidad en solitario

En últimos tiempos hemos sido testigos de una serie creciente de notas de revistas y periódicos acerca de lo indeseable, agotadora y demandante que es la maternidad. A través de las redes sociales es común identificar memes donde se muestra a madres cansadas, ojerosas, haciendo cinco o seis cosas a la vez, despeinadas y delgadas.  Por cierto, estos memes frecuentemente son compartidos por mamás que se identifican con una o varias situaciones de las mostradas en los mismos ¿Pero realmente la maternidad es tan agotadora? ¿El problema es la maternidad?

Es común y bastante frecuente en la cultura mexicana que se asuma que los hijos son de la madre, una muestra de ello es que ante un divorcio es lógico y esperado que éstos se queden con ella, a menos que haya circunstancias excepcionales que impliquen que la custodia sea otorgada a la pareja o algún otro miembro de la familia. Otro ejemplo, es que algunos hombres cuando se enteran de un embarazo no planificado deciden no responsabilizarse del hijo, arguyendo que el hijo no es suyo, que no tienen dinero u otras cosas más.

Pensar culturalmente a los hijos como de la madre tiene efectos desfavorables tanto para la madre como para otros actores. Uno de ellos es que la madre tendrá que efectuar más trabajo y se le demandara mayor implicación para preservar el bienestar de su hijo.

En Ocotlán, es habitual que la madre se encargue del cuidado, atención, alimentación, aseo, crianza y formación de los hijos. Se asume que está capacitada para ello puesto que desde niña creció jugando con muñecas, luego de adolescente seguro que cambio el pañal y cuido a algún hermano o sobrino. Además, que como se dijo mucho tiempo “las mujeres tienen un instinto maternal”. Pese a que lo anterior fuera cierto, que no lo es, habría que pensar que por mucho que le guste una tarea a una persona, si se hace todos los días, 24 horas, sin vacaciones, sin apoyo o descanso sí que termina agotándose.

En el caso del padre, este no creció jugando con muñecos a los que abrazaba, ni preparando alimentos, a algunos tampoco les tocó cuidar de alguien más, así que socialmente se piensa que éste estará menos capacitado para la crianza de los hijos.

Entonces, es común ver madres agotadas, padres inseguros que no saben si lo que hacen está bien, que les gustaría implicarse más en el cuidado, pero arguyen tener miedo a lastimar al bebé o dicen no saben cómo hacerlo. El resultado final de todo esto son conflictos en la pareja, distanciamiento de los miembros de la pareja, cargas de trabajo desigual,  poco tiempo y malhumor.

Si bien el panorama que muestro es bastante dramático, porque a veces no ocurre tan fatal, sí que me ha permitido mostrar que el problema de la maternidad no es lo demandante que es el hijo, sobre todo los primeros años de vida. El problema más bien es que el cuidado y crianza de los hijos se vivan en solitario, como responsabilidad de una única persona, sin otras personas que apoyen de manera cercana, constante e implicada.

Si bien en últimos años hemos visto que el padre, los abuelos y los tíos se han ido implicando y han ido “apoyando” a la madre cada vez más, persiste la idea de que la crianza de los hijos es función de la madre, y lo que esos actores hacen es “ayudar”. Esto ha generado que este apoyo solamente se efectué ante situaciones “justificadas”, por ejemplo, cuando la madre trabaja, está enferma o estudia, no en lo cotidiano, para ocio o situaciones lúdicas.

Lo anterior, demuestra que queda pendiente pensar la maternidad no como una tarea de las mujeres sino como un deber comunitario que requiere co-responsabilidad, disposición y distribución de labores de distintos actores, no sólo ante determinadas ocasiones sino de forma permanente pese a que las mujeres no trabajen o no estudien.

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Karla Alejandra Contreras

Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales en CIESAS-Occidente. Maestra en Psicología Social por la Universidad Católica del Norte, Chile. Es profesora en el Centro Universitario de la Ciénega (CUCI) de la Universidad de Guadalajara (U. de G). Investiga y reflexiona sobre temas de género, sexualidades, maternidades y juventudes.

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