Opinión

Cuando el río suena…

Decisiones.- Es domingo por la tarde, voy en el camión cuando de repente suena mi celular, es mi mamá que pregunta por un amigo de San Gabriel. “¿Sabes dónde está?” pregunta alterada, “¡Es que su pueblo se inundó, el agua ya llegó a la iglesia y se llevó varias casas!”. De inmediato le llamo, está bien y recién se va enterando de la situación también, su familia está bien a excepción de una tía suya que fue arrastrada por la corriente. La línea queda en silencio.

Lo que ocurrió en San Gabriel es consecuencia de algo que llevamos presenciando en el Sur de Jalisco durante muchos años: la voracidad del agro, esa que ha florecido en la región por las condiciones climáticas favorables para el cultivo de berries y aguacate, la misma que se ha hecho famosa por las prácticas irregulares para cambiar el uso de suelo que entre quemazones y tala desmedida ha provocado que los montes ahora sean laderas por donde baja el agua sin ser absorbida, arrastrando la tierra y haciendo el cauce de los ríos más grandes.

El fin de semana pasado se nubló en San Gabriel pero no llovió, sin embargo el pueblo fue embestido por una avalancha de lodo y restos de árboles que hicieron desbordar el cauce del río, llevándose carros, casas y personas. Rápidamente comenzaron a replicarse las fotos de la tragedia, se hacía evidente el enojo, la tristeza y el tamaño del desastre que no tiene precedentes, pues a pesar de ser común la crecida del río durante el temporal, jamás había causado estragos de esa magnitud ni arrastrado tantos vestigios de lo que en su momento llegó a ser bosque.

Trabajar en el sector agroindustrial no es sinónimo de ser un malévolo personaje que conspira en contra de poblaciones para arrasar con ellas, no obstante quienes están a la cabeza de éstas empresas conocen las prácticas irregulares que se deben hacer para generar una ganancia, saben los impactos del desmonte y a que poblados pueden afectar… pero lo ignoran.

Quienes fraguan los planes de desmonte para el posterior cultivo tienen el conocimiento técnico para saber que los árboles de aguacate no son un sustituto del pino encino nativo, del oyamel o de cualquier otra especie que conforme la selva baja caducifolia del Sur , asimismo el Estado es quien debería alzarse como ente rector para la regulación de estas prácticas pero son ellos quienes más brillan por su ausencia.

El desborde del río en San Gabriel desnuda una realidad que se ha callado desde tiempo atrás: el agro nos está matando, lenta e indirectamente con la contaminación de suelos, la tala y la sobreexplotación de pozos de agua, hasta hace unos días, cuando la tragedia nos rebasó. ¿Cuántos municipios más tienen que pasar por el horror para que las autoridades actúen ante el desastre ambiental? El agro nos está matando y quien no lo crea que se dé una vuelta por el Sur.

Etiquetas

Ángel Rolón

Soy de un pueblo tan grande que nos lo hicieron ciudad. Transcribo ideas y junto letras para hacer catarsis. Habito la política para hacer que el futuro sea posible y estudio para ser psicólogo.

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también

Cerrar
error: Contenio protegido